Diario de León

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Quien empezó a ver que los sueños de León no alzarían vuelo si no tenían las alas de un aeropuerto fue Emiliano Alonso Sánchez Lombas. Presidía la Diputación de León y después la Cámara de Comercio. Sentó la iniciativa y la continuarían sus sucesores con más titubeos y flojera que decisión ante las trabas de compartir usos con la base militar (Turiel amplió pistas y se puso placa). Tuvieron que pasar décadas hasta verse aeropuerto de respeto al que poco favorecería la cercanía de sus competidores en Asturias y Valladolid. Los viajes del Inserso y la fallida creación de compañía propia no lograron hacerle despegar en la medida que se prometía... y la cosa ha venido siendo vuelo alicorto como de perdiz mal herida. Pero quien tuvo muy claro que el único futuro de ese lugar en La Virgen que empezó como campo de aviación, después aerodromo, base aérea y aeropuerto siamés, fue Domingo López, aquel ancarés de Candín que empezó de picador minero y fabricando traviesas de ferrocarril para seguir con negocios de alimentación, agrícolas, de construcción y hasta de marina mercante para acabar en conglomerado de empresas y banco propio (el Valladolid) intervenido y, por ello, objeto de indemnización milmillonaria que nunca se materializó. Domingo López lo tenía claro: ¡aeropuerto comercial!, que es lo que ahora agita y persigue la plataforma «Más Vuelos» exigiendo para León terminal de mercancías. Cumplidos sus 90 veía imposible el cobro millonario que le adeudaban, el poco futuro de sus hijos y el horizonte oscuro de esta provincia, así que pergeñó un proyecto que me pasó para pulirle letra y que sería su discurso cuando en 2008 le nombraron aquí «empresario del año»: Crear una gran cooperativa provincial para potenciar la excelencia de lo leonés (carnes, vinos, materia prima, manufacturas, industria...) y aeropuerto comercial ampliando mercado. Lo leyó con pasión antes de la comida de gala. La mitad de la peña ni atendía y la otra mitad iba impaciente por empezar a jalar... como si Domingo López chocheara. Sentí vergüenza. Y ahora más al recordar los 17 años perdidos y nuestra lentitud cazurra e idiota.

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