Diario de León

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Y ahora... natillas negras. Batidas de lluvia las laderas incendiadas, corren al río escorrentías enlutadas de ceniza y cisco de leña. Es la gran meada negra de montes leoneses, orensanos, zamoranos, extremeños... aquellos inmensos paisajes que dejó carbonizados el fuego galopante como dragón enloquecido de aliento infernal al que animó nuestro abandono delincuente, el desprecio y el no mirar por. «El chapapote de monte ya está aquí», dice Sonia Vizoso en El País y no se encontrará mejor imagen. Chapapote, galipote, natillas negras. En los grifos de casa en la comarca de Valdeorras el agua ya no se puede beber porque sabe a beso de puerco. No hay modo de evitar que en el trayecto del monte al vaso haya gente, medios o técnicas para interrumpir y depurar tanta mierda tóxica que baja imitando en cantarina la lengua de los arroyos. Y el agua, que será torrencial si arrecia la borrasca, infectará torrenteras, acuíferos y, lo que es más grave, hará conocer a qué sabe el fuego muy lejos de donde se produjo, llegando hasta el mar para que almejas o mejillones ensayen una silicosis negra, evidencia que ya engorda el miedo en las costas gallegas.

En León y Zamora se gastará la Junta cinco millones para ¿detener? la avalancha de ponzoña que se ve y verá en Las Médulas, Cabrera, Molezuelas de la Carballeda, Valdería, Fasgar, valle del Selmo... mediante siembra de paja (helimulching) desde helicópteros, barricadas de leña y broza, laguneos, semillas que fijen suelo y otras técnicas que intentarán paliar el descarnamiento de tierras en ladera y los arrastres envenenados de nata negra colándose por toda rendija del paisaje. Cosquillas para la risa ante los miles y miles de hectáreas de monte abrasado, piensan los lugareños viendo que es incontenible el lodo negro que irá sangrando durante meses. Algo será algo, pero muchísimo más debería ser... y que la cosa no se limite a los meses escasos que durará este plan, porque esos montes exigirán una continuidad sine die y un cuidado ya perpetuo, gentes, contratación, ¡presupuesto, señores de la sala!, o comeremos de postre natillas negras hasta que caguemos antracita.

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