Diario de León

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Mueve a espanto y escalofrío el episodio de ese hombre de Lorenzana que apareció muerto en su pozo, cortados los testículos con podadora eléctrica y dejados colgados en el brocal, vientre abierto y eviscerado en parte, brutalidad insólita y supuesta atrocidad que hicieron pensar en un ensañamiento vengativo, ritual quizá. Y un río de lenguas fue lamiendo cada esquina del pueblo con cuchicheos, murmureos y conjeturas disparatadas... nada cuadraba en pura lógica... no era alguien que anduviera en líos, tuviera enemigos o cuentas pendientes... al contrario, era buena gente, dicen sus cercanos y vecinos. La policía (y el forense dixit) habló desde un principio de suceso «autolítico», término técnico que ahora se usa para eludir «suicidio», tan tabú aún. Tururú, insistían las malas lenguas tan complacidas en la bajeza morbosa... ¿quién se hace a sí mismo tal barbaridad tajándose los genitales, salvajada usual entre mafias y patibularios?... No es tan insólito, la ciencia forense habla de no pocos casos de auto-emasculación y lo explica desde cuadros depresivos, psicóticos o incluso religiosos. La decisión no es necesariamente suicida, aunque aquí sí se culminó así. Automutilarse está incluso prescrito en los evangelios: «si tu ojo te escandaliza, sácatelo; si tu mano derecha te lleva a obrar mal, córtatela; más vale entrar tuerto o manco en el cielo que con dos ojos y manos en el infierno», lo dice Jesús en textos de Marcos y Mateo, palabra de Dios, bien clara. Y quizás así lo fue en este caso tan cargado de mensaje, como si escribiera un gesto expiatorio o exorcizante. Qué más da, sólo al autor compete su razón, que en todo caso ha de respetarse, lamentarse y jamás censurar o criminalizar como pide una fanática moralidad capaz de negar sepultura en sagrado al suicida como ya fue norma... y todo porque quien decide despacharse está lanzando en realidad una acusación al entorno, a esta vida perra o a un mundo vacío... y entonces nos sacudimos la culpa que al instante nos reburdia dentro por no haber podido o sabido prevenir una tragedia que en el fondo nos implica. Y así seguimos sin querer mirar a la cara al suicidio... y al suicida.

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