Diario de León
Ana Gaitero

Ana Gaitero

Redactora De Sociedad

Calceteiros y caciqueiros

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en Lisboa se arremolinan los turistas alrededor de la escultura homenaje a los calceteiros. Nadie sabe muy bien qué hace un hombre que reposa sus manos sobre el mango de un mazo mientras mira a otro con unas piedras en la mano. El barco dibujado con los adoquines negros entre los blancos desvela el misterio. Son los artesanos que han dado al paisaje urbano de Lisboa uno de sus muchos encantos, aunque la ciudad no se ha librado de la gentrificación.

Los artesanos y las artesanías han sido devorados por la piqueta de la globalización que ha creado ciudades uniformadas y ha dejado vacíos los locales. No hay marcha atrás. Hacer cosas a mano es una heroicidad en la era de la inteligencia artificial.

No es casual que León expulsara del centro a aquella Escuela Taller que empezó la transformación del casco antiguo y, de milagro, mantenga el Centro de los Oficios en Puente Castro, como judíos expulsados de sin misericordia.

Ahora en Puente Castro quieren poner una red de calor para quemar muchos árboles y levantar muchos adoquines. De modo que el diente gigante y voraz de la piqueta entrará de nuevo por la calle Ancha, la vía Principalis del campamento legionario que parió a esta ciudad.

En Puente Castro ponen el humo y en el centro el granito. La excusa para levantar Botines, calle Ancha y plaza de Regla es que no nos resbalemos. Que la ciudad va teniendo una edad y patina, no sé si tanto como las ideas de estos gobernantes sin luz por más que se gasten en brillo de Navidad.

Corren los millones desde Bruselas hasta León con la firma de la resiliencia o la próxima generación y se convertirán aquí en granito del alcalde socialista, por ahora, y sobre el río en una nueva pasarela para la que la UPL buscará un nombre para dar sentido al desvarío.

No saben qué hacer con el dinero. Y es una lástima porque al otro lado de los ríos que abrazan la ciudad y en todos los barrios hay mucho que hacer para mejorar la calidad de vida y ser una gran ciudad de verdad y no esa de papel que dibujaron en un día de idilio José Antonio Diez y Alfonso Fernández Mañueco.

La ciudad no se transforma a golpe de chequera, pero ese dinero estaría bien empleado en proyectos de calado para mejorar el acceso a la vivienda y los derechos básicos de la ciudadanía. Hasta los olvidados gatos se podrían beneficiar de un poco de sentido común.

La participación ciudadana es sin duda la asignatura pendiente de este ayuntamiento capitalino, en el que se presentan nuevas publicaciones sobre los Decreta pero se practica poco la democracia directa. El modelo es tan pobre que ni siquiera los amagos del ínclito Pastrana.

El Gobierno de la ciudad está bien amarrado en Ordoño II y sedes adyacentes. La burocracia no va a soltar sus tentáculos ni los influyentes del negociado de cofradías y demás 'caciqueiros' van a dejar que veleidades participativas les aparten de la ubre.

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