CORNADA DE LOBO
Negro bautismo
Mi bautismo minero está indeleble negro sobre negro y poquito blanco; 1986 fue. Con Calvo de Celis delegado aquí de Industria en la primera Junta autonómica se lanzó un Plan de Seguridad Minera del que asumí la comunicación, privilegiado mirador para asomarme a las tripas del negocio minero, todo un matadero entonces (Fabero y Serrilla me impactaron) y un sindiós de trampas, subcontratas, huelgas, cierres y una considerable población minera de 7.000 jornales (ya balbuceaba Don Vito estafando en la Valcueva). Aquella delegación nadaba en corruptela y tocineo desde décadas anteriores (a cargos e ingenieros, por ejemplo, les regalaba la MSP todo el carbón de sus inviernos y De Celis les sulfuró atajando tal obscenidad)... y por darle veracidad al Plan, dos técnicos «de fuera» auxiliaron su redacción, uno de Hunosa y otro palentino, León Martín Zulaica (nombre ideal para una novela de Baroja), que fue mi padrino en el bautizo de bajada a profunda galería, una mina de Torre del Bierzo, de Manuel Lamelas, estando a las ocho de la mañana en boca de mina para bajar con el turno de mañana y no hacerlo a capricho en modo señorito funcionario. No diré que me cagué de miedo, pero la cosa lo daba. A cientos de metros bajo tierra lo primero que ves es lo fácil que es no poder salir de allí ante cualquier contingencia... calor, humedad, aire gordo, polvo negro, luces de ratonera, atmósfera de angustia... ¿y si se jode el sistema de ventilación?, ¿y si hace fiesta el grisú?, ¿y si se marcha la luz y se para el elevador en la mitad?... Ver de nuevo el sol invitaba a besar el suelo. Y viendo después a un funcionario en fondo de restaurante con el facultativo de una mina, invitó a Zulaica a decir apenado «así firman algunos el plan de labores». Días después se clausuró aquel Plan con mesa redonda de empresa, sindicatos y políticos. Me tocó interrumpir en ella a Manuel Lamelas para darle noticia urgente y trágica: un accidente en su mina acababa de matar a un viejo minero. Y allí mismo prorrumpió en lágrimas con la sinceridad con que se llora a un familiar. Por una vez supe que no todo aquí eran Vitos y condes de los Gaitanes.