Diario de León

FUERA DE JUEGO

Igual sí vino míster Marshall

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Toca semana de revisionismos, y resulta complejo añadir alguna palada nueva a tanta trinchera que se pretende ahondar aún más. Quizá lo mejor sea atender a los que buscan esa fórmula de la mordacidad para leer entre líneas. España, arrasada por su guerra incivil, se echó a un lado en la batalla mundial de 1939 a 1945, y eso le impidió colarse en la riada de millones del plan Marshall estadounidense, para recuperar Europa y plantar cara al bloque soviético. Eso sí, años después, llegó a Madrid un respaldo yanqui a cambio de las bases militares, y para agrandar el grupo de aliados frente al poder ruso, que siempre ha contado con tantos quintacolumnistas en países como el nuestro.

El inolvidable Berlanga llevó a los cines a un alcalde, Pepe Isbert, que sí soñaba con impulsar su pueblo gracias al maná estadounidense. Pero aquel esperado coche pasó de largo. Una situación que, quizá cabe preguntarse, si se repite cada vez que existe la posibilidad de cambiar las cosas de raíz.

Estos días se ha conocido el derroche de fondos europeos en el llamado Amazon leonés. Esos dineros diseñados para reconstruir la economía tras el covid. Los mismos que, día sí y día también, salen a relucir en asuntos tan ajenos a sus fines como son las pulseras antimaltrato, que parecen escopetas de feria, o con ese curso universitario de pedagogía antifascista. Parece que estamos ante la nebulosa de gastar en lo que deberían ser costes tan ordinarios como imprescindibles, o también en entelequias que sólo llenan bolsillos afines, típicas del filibusterismo ideológico.

Lo cierto es que han pasado por esta tierra los coches Marshall de los planes del carbón, de la transición ecológica, la transición justa, y un largo etc. sin que haya brotado un nuevo tejido económico. De todo esto se lleva probablemente la palma el afamado Plan E de Zapatero, empecinado en financiar proyectos, muchas veces tan irrisorios como inservibles, trazados desde ese camino keynesiano —aprendido en dos tardes de clase de economía—, que siempre fracasa aderezado de populismo. Esa vía hacia el precipicio que sólo paró la llamada de ultimátum del mismísimo Obama. Derroche cuando no hay, que luego se paga muy, muy caro, con recortes, copagos y frenazos en inversiones necesarias. De todo esto surge la duda del título. Igual, en la posguerra, sí vino míster Marsall y alguien lo dilapidó en gambas, chistorras y... nada cambió.

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