CORNADA DE LOBO
A tomar pol pelo
Merecemos un guantazo al bies por pánfilos... y ellos, dos cantazos en tol bebes por palabritas. Lo del teatro Emperador compone uno de los episodios más idiotas de la historia de esta ciudad y ningún político (todo partido se apuntó y se apunta) se situó en lo cabal para frenar tanta insensatez. Alegan (¡ostitú!) que ese teatro es «patrimonio cultural y emocional» de los leoneses. ¡Y una gaita! Personalmente, más que emocionarme (aunque ahí me entierro con sobrados recuerdos emotivos y memorables), me subleva. Véase: Dejando de ser negocio, su propietaria Elde no encontró a quien vender el momio, activó entonces a un comisionista bizco que agitó círculos y medios, le doró el pildorazo al listítimo alcalde Paco Poco y en 2007 se lo endilgó por los 4.7 millones que costaba, no que los valía; y para nada; pero gobernando Zapatero, dos años después se lo encalomó al Estado para zafarse del fiasco, prometiéndose instalar ahí una cosa tan larga de nombre como vacía de fe y entidad, el Centro Nacional de Artes Escénicas y Músicas Históricas, la órdiga en verso. Y para nada también, pues ahí se estrenó la interminable inopia gubernativa que quiso romper ahora Urtasun con palabrita niñojesús que hace temer nuevas y exasperantes demoras, pues aunque promete gastar medio millón en tan sólo el proyecto que averigüe cómo arreglar ese entuerto, nada se sabe, aunque se intuya, de la millonada que costará rehabilitar ese espacio inútil y gagá, ni quién y cómo pagará el fiestorro de programar contenidos o el mantenimiento de ese chiringo de corral comediante que, de verdad, ¿lo necesita León y con la urgencia que se exige?... ¿y todo para gastar después larga pasta lili en espectáculo y artisteo que vendrá de fuera para llevárselo crudo y lejos, dejándonos aquí con sólo el papel de mirones de su función fugaz?... ¿es otro circo cultural lo que le falta a este León para activar su decadencia productiva?... Pues si os dan «circenses», pedid también «panem»... aunque vaya que ya lo tenéis, ¡un pan como unas hostias!, esas con las que viciosamente vuelve a comulgar una panfilez cazurra luciendo otra vez su delito.