Diario de León

AL TRASLUZ

Eduardo Aguirre

Eduardo Aguirre

Les debo una columna

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Hoy quería escribir una columna sobre dos excelentes pintores, que además son buena gente: Luis Gómez Domingo y Franz Frichard. El primero es turolense afincado desde hace décadas en el Bierzo, el segundo un berciano afincado en Madrid. Muchos años les separan, pero el corazón tiene atajos. Luis ha sido reconocido con el 1º premio Don Sil, que concede este periódico; Franz ha ilustrado una etiqueta del mencía Demencia Inspiración; y es uno de los artistas que han interpretado fragmento de El Jardín de las Delicias, en la exposición del Museo de León. Días atrás, comieron juntos y me hubiese gustado escribir sobre ello, pero se ha metido por el medio otra actualidad que no cuadra con la suya: el gerente del hospital de Torrejón, del que se han difundido audios en los que propone a los médicos «desandar el camino» y no coger a los enfermos más costosos, para así ganar 4 o 5 millones de euros en el balance de resultados. El malvado no necesita pintores, se autorretrata en sus actos. Y seguro que se tiene a sí mismo por buena persona. Y seguro que sus padres creen que el chico les salió bueno. No, Luis y Franz, no son compatibles con este tema, su columna habrá de esperar. Quizá, este cruel financiero —cuatro años elegido entre los 100 mejores directivos de España— ignore que la monstruosidad de su propuesta le convierte en monstruo. Ya ha dimitido. No tendrá problemas para encontrar empleo, el corazón de hielo está muy demandado. Me preguntó como explicará a su familia lo ocurrido. ¿Qué le dirían sus familiares fallecidos? ¿Lamenta ahora haber formulado tan perversa directriz, o solo haber sido pillado?

Mientras, Luis investiga en los Desastres de la guerra, de Goya, para la que será una de las mejores exposiciones de 2026. Franz ahonda en su sabio humor filosófico. Sus obras tienen luz, porque ellos son generosos.

Al avaro míster Scrooge se le aparecieron los fantasmas de la Navidad y le cambiaron para bien; aquí hay mucho más que cambiar, pero quién sabe cuándo actúa la Gracia. Ahora, mientras escribo, refrena mi asco y mi rabia que el libro de estilo me prohíbe utilizar el adjetivo que define a tales directivos, Y sí, a dichos dos pintorazos y buena gente les debo su columna.

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