NUBES Y CLAROS
León, esa bella durmiente
En el fondo la pregunta es sencilla: ¿qué quiere el Gobierno central (este y los que fueron) para León? En parte se responde solo: ¿qué están dispuestos los leoneses a hacer para remediarlo? Qué sus parlamentarios y políticos, qué la escala administrativa, de la Junta a la Diputación o los ayuntamientos. Qué los partidos que desde la cómoda oposición pregonan monsergas en la tranquilidad de que nunca habrán de tomar decisiones, incluso cuando rascan poder en las poltronas del cogobierno para sostener un doble discurso que no engaña a nadie. Qué los agentes económicos y sociales, tan prestos a la proclama y la mesa y tan ausentes en el pulso real de la reivindicación. Qué este León al que le llevan robando la cartera décadas, y así sigue, indolente.
Sólo dos ejemplos. Ahí está la chulería de Transportes, no el del ministro Puente, que también, porque el desatino viene de tan lejos que no hay responsable que pueda alzar la voz. Bien a las claras ha quedado en las repetidas manifestaciones que exigen que el proyecto abortado de Feve se complete, con tan clamorosas ausencias.
Y ahí está la única decisión real tomada sobre el tren inconcluso: enterrar las inversiones realizadas y atizar con un bus eléctrico. Trasbordo forzoso que condena a la cremallera de la montaña.
Del aeropuerto poco hay que añadir, el propio Gobierno ha contestado en respuesta parlamentaria que León es el único del noroeste peninsular que no cuenta con un ILS capaz de garantizar los aterrizajes en las condiciones que el invierno local impone. Lo tienen todos los demás, en León ni se espera.
No sería tan patético si el argumento del coste tuviera peso. Pero no lo tiene. España no será capaz de gestionar el 75% de los fondos Next Generation que tiene asignados. Esas ayudas de recuperación que eran la pista de despegue del progreso. No llegarán (y aquí el ecosistema local político-empresarial jamás ha querido meter el dedo en el ojo) y por el desagüe se van más de 63.000 millones de euros, sólo 22.000 podrán rentabilizarse, si no seguimos tirándolos por falta de gestión o ejecución a tiempo.
Millones que se rechazan y proyectos que dicen que salen caros. ¿A quién le sale la ecuación? ¿A este León que se llena de esculturas con garra mientras sigue durmiendo?