Diario de León

al trasluz

Eduardo Aguirre

Eduardo Aguirre

Por si acaso

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Pues sí, me gusta estar mucho antes en la sala donde voy a conferenciar o a presentar un libro. Por si acaso. No soy del tipo catastrofista, pero por mí me instalaría un mes antes en la sala, en tienda de campaña y con provisiones para un año. Siempre pueden surgir imprevistos, ¿no? Por ejemplo, que la organización se arrepienta. El pasado martes estaba convocado en la Facultad de Filología ovetense, a las 16,30 para hablarles de ternura humorística a los alumnos del PumuO, nuestra Universidad de la Experiencia. Y presentado por Emilio Martínez Mata, prestigioso quijotista. Cogí el tren a las 9,30. ¿Demasiada antelación? Antes, quería degustar un plato de fabes con nuestro primo Alfonso Roa. Pues hubo imprevistos en el transporte. A medio camino, el tren se detuvo: había caído un árbol en la vía. Veinte minutos después seguíamos ahí. Debí coger uno de madrugada, me dije. Y mis comecome: «¿Y si no llego? ¿Y si el respetable público protesta con disturbios callejeros? ¿Y si el Ayuntamiento de Oviedo me echa a mí la culpa y me reclama pagar los desperfectos? ¿Y si los asturianos nos declaran la guerra? ¿Y si se les han acabado las fabes cuando llegue? Pero hubo final feliz, nos llevaron en taxis hasta Oviedo. Disfruté del plato rey. Mi lectora centenaria estará recordando: «Cuando en la Asociación de Amigas de la Tamborada invitamos a comer a Cela le gustaron tanto las alubias bañezanas que repitió tres veces». Uf. Tentado estuve. Me refrené, por si acaso. Las degustamos en El Cabal, recomendado por el leonés Carlos Rodríguez Borrajo. Riquísimas.

¿La presentación transcurrió sin imprevistos? Casi. Minutos antes de concluir mencioné a mi padre, entonces, se me quebró la voz y se me humedecieron los ojos. Sorpresa solo relativa, dado mi currículo. Tampoco voy a acusarme de alta traición. Un aplausín del público me ayudó a salir del atolladero lagrimal, como otras veces. El corazón del público mayor tiene siempre soluciones para todo. Luego, ya en casa, Marta me tomaba el pelo: «En la próxima, más humor y menos pucheros». Y contesté: «Sí…¡En la Universidad de Girona! ¿Y qué más, acaso les hago un truco de magia?» Vale, touché. ¿Alguien tiene una baraja que adivine sola? Por si acaso.

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