Diario de León

Cuerpo a tierra

Antonio Manilla

Antonio Manilla

Cuando toca

Creado:

Actualizado:

Aunque, como han demostrado la literatura y la vida, un olor basta para que se desencadene esa alquimia de la memoria que lo mismo nos transporta al pasado que nos trae de él algunas presencias idas para siempre, hay ocasiones que se muestran más propicias a ello. Y una de ellas es sin duda la lotería, cuando toca, que esa es otra historia y alguno de esos grandes imaginativos de la literatura del Noroeste, como Wenceslao Fernández Flórez, el autor de «El bosque animado», afirmaba saber de buena tinta que el gordo nunca lo hacía y todos cuantos salían celebrándolo eran comparsas, una especie de cla contratada para fingir una opípara celebración entre matasuegras y chinchines.

En fin, que íbamos a decir que uno de los premios de la lotería es ese ejército de antepasados y amigos idos que acuden a celebrar con nosotros el azar deparado por los bombos del Gordo. Quien más y quien menos, en un momento de fortuna, se habrá acordado súbitamente de aquellos seres que ya no están pero nos habría complacido que compartieran con nosotros esa alegría. Ese ejército de íntimos que con la edad por desgracia se vuelve numeroso, haciéndonos comprender que la realidad, que es lo mismo que decir la vida, siempre es una pedrea. Y que algún día también nosotros seremos acaso figurantes en la evocación de alguien que nos amó, cuando ya no estemos.

Aunque la realidad, que es lo mismo que decir la vida, siempre sea una pedrea, aun así, jugamos ese boleto de ilusión y esperanzas que supone un número inscrito sobre un papel. El de esa bola huérfana entre cien mil que entra en un bombo a la busca de emparejarse con la única millonaria, capaz de trocar porvenires a través de una mecánica que sabemos portentosa e improbable como la caída de un meteorito sobre nuestras cabezas. Es una expectativa casi irreal, y por eso tiene tanto atractivo esa posibilidad remota de lo extraordinario entrando en nuestras existencias con un solo gesto, directo al corazón. Cuando la alquimia de la memoria escampa, la adrenalina del dinero llovido del cielo arrecia en nuestras venas y despierta esa otra alquimia del ensoñar futuros pletóricos, designios nuevos a través de los cuales levantar palacios que no sean en el aire. Todo el júbilo que expresa descorchar una botella de champán y que su tapón alcance los cielos con un saludo.

tracking