AL TRASLUZ
Pregunten a mi hermana
No todos los regalos navideños llegan envueltos. Mi hermana Almudena ha regresado a España, después de décadas en Estados Unidos. Ya les he contado aquí, semanas atrás, que si el genio de la lámpara me concediese tres deseos uno de ellos sería, sin duda, retornar un rato a mi infancia y ser el hijo angelical que no fui. Por supuesto, no podría decir a mis padres que vengo del futuro, no fuesen a donarme a la Nasa —no eran de castigar sin merienda—. Mi hermanita saldría beneficiada con mi mejora, jugábamos mucho; ya no le haría trampas en el juego de La Oca, como inventarme reglas para avanzar casillas: «De señor a señor a señor y tiro porque no me gusta la coliflor». ¡Cómo pude! Corregiría mi lado tahúr. Cuando jugábamos al Festival de Eurovisión la convencía para que me votase y luego mi voto se lo daba a un país que ni siquiera se presentaba; con tal currículo, me preguntó por qué no terminé cantando reguetón. Tampoco me pasaría de bueno. «¡Mamá, Eduardo está muy raro… no le ha pintado bigote a mis muñecas». Mejor no levantar sospechas.
Mi hermana tiene voz preciosa y su versión de Crazy, de Willie Nelson, puede ser comparada a las mejores. Lástima que mañana no pueda acompañarme al concierto navideño que el gran crooner leonés Javier Arias dará en Espacio Vías, y escuchar juntos villancicos en versión jazz y swing. Qué grandes también los Hockerties, su grupo: Javier Baillo, Diana Majo y Mario Morla. La gran música crea hermandad. No se lo pierdan.. Organiza el Ayuntamiento. A las 20.30 horas y con entrada libre, como sol cuando amanece
Pese a todo, mis padres no me habrían calificado de niño malo, sino de puñetero. Somos amados, pese a nuestras goteras. Todos tuvimos un compañero de pupitre que ponía cepos al ratoncito Pérez, y encima luego los reyes les traían el Scalextric. Una hermana buena es el túnel que te conecta con tus progenitores; con quien fuiste, eres y serás. Me ha traído de regalo unas coletas de Willie Nelson, pañuelo incluido. Hace falta querer mucho para viajar con ellas en la maleta. Ahora ya Bogarde y los Hockarties no podrán seguir dándome largas para aceptarme en la banda. Silbo muy bien La Gallina Turuleta. Y si no me creen, pregunten a mi hermanita.