Diario de León

El Emperador cumple 75 años, 20 de ellos, fundido a negro

El Teatro celebra 75 años de su inauguración pero tiene trampa. En realidad, deberíamos volver al 31 de octube de 2006 y empezar a contar de nuevo cuando se inicien las obras que lo recuperen para la ciudad

Imagen del interior del teatro la semana en la que tuvo lugar el cierre del Emperador.

Imagen del interior del teatro la semana en la que tuvo lugar el cierre del Emperador.ramiro

Cristina Fanjul
León

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La inauguración fue un 22 de septiembre de 1951. Era sábado. A las ocho de la tarde León se detuvo para acudir al teatro Emperador, la nueva infraestructura cultural de la capital que llegaba para paliar la atmósfera de pobreza y abatimiento de la postguerra. La empresa Elde invirtió nueve millones de pesetas en unas obras, con proyecto de Manuel, Gonzalo Cárdenas y Javier Sanz, en las que trabajaron durante cuatro años sesenta obreros, amén de las empresas que, como Cristalerías Rodríguez, muebles Gago, y talleres Nicolás de la Puente, se encargaron de vestir el interior. Los propietarios decidieron el nombre como homenaje al Alfonso VII y, desde el principio, dejaron claro que la finalidad del teatro no era otra que realizar una «ofrenda» a los leoneses. «No hemos hecho esto para enriquecernos. Nosotros el negocio lo hacemos con los cines», destacaba entonces uno de sus artífices, Felipe Ruipérez.

Para la apertura se eligió a Los Vieneses, una compañía de teatro fundada a principios de los años 1940 por el austriaco Artur Kaps, y en la que se integraron Gustavo Re, Franz Johan y Herta Frankel. Especializada en representaciones de revista y opereta, no fue del gusto de los leoneses, a los que les pareció que el precio era excesivo para un espectáculo de «poca categoría». Desde el principio el Emperador compaginó la exhibición de cine con las representaciones de teatro, comedia, musicales y revista. Con un aforo para 1.300 localidades, distribuidas entre el patio de butacas, dos pisos de anfiteatro y veinte palcos, lo que más llamó la atención fueron su espectacular escalera y el pequeño ambigú, además de su araña, una gigantesca lámpara de cristal cuyo peso alcanza la tonelada y media, lo que exigió un complejo sistema de anclaje de ingeniería en el forjado del techo para soportar la estructura.

Ha cumplido por lo tanto 75 años pero solo 55 con actividad. El telón cayó un 31 de octubre de 2006 y, desde entonces, ha permanecido cerrado. Este verano se daba un nuevo impulso gracias a la publicación del plácet para la restauración.

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