CANTO RODADO

Candado roto

Se ha roto un candado forjado con la complicidad del entorno de los agresores y el silencio de las víctimas de violencia sexual

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La ola de denuncias por acoso y agresiones sexuales ha pasado de ser un problema del PSOE a ofrecer una radiografía cada vez más completa de la impunidad con que se han producido y se producen estas conductas, actualmente delictivas, que lastran la vida de las mujeres.

El Me Too español empezó por los abusos sexuales en el entorno de instituciones eclesiásticas, siguió con las confesiones que miles de mujeres han realizado a Cristina Fallarás en Cuéntalo en redes sociales —varias veces clausuradas— y atraviesa ahora el espacio político, desde uno de los prohombres de la democracia y la Transición, como el presidente Adolfo Suárez, denunciado después de muerto por presunta agresión sexual a una joven de 17 años, menor de edad, hasta el encargado de Vox en las redes sociales que acaba de dimitir por algo parecido pasando por el alcalde de Algeciras o el repugnante caso de un médico que abusó de pacientes dormidas.

Se ha roto un candado forjado con la complicidad del entorno de los agresores —recuerden la reacción del PP cuando Ismael Álvarez fue denunciado por Nevenka Fernández hace 25 años— y el silencio de las víctimas, que sufren como denominador común arrastrar durante años, e incluso décadas o toda su vida, la culpa y la vergüenza.

El efecto dominó en el PSOE ha hecho explotar el canal de denuncias en este partido agobiado por casos de corrupción y los que representan el machismo más asqueroso, al ver que Ábalos y Koldo, entre mordida y mordida, se delatan como puteros. 

Ha sido doloroso. Pero lo que inquieta del PSOE no es la existencia de estos individuos que pululan en todos los rincones y se crecen con el poder, ya sea político, económico, profesional, social o religioso. Lo que causa zozobra es la mera sospecha de que las conductas de personajes como Salazar fueran conocidas y se hayan permitido hasta ahora en un partido que ha propiciado, con el feminismo, los mayores avances en igualdad en España.

Sánchez le confesó a Alsina, en tiempos de la ministra de Igualdad Irene Montero, que «los hombres de entre 40 y 50 años han visto en algunas ocasiones que algunos discursos han sido incómodos para ellos». No sé si tiene que ver con lo que sucede ahora, pero que las mujeres logren romper el silencio que ha perpetuado la impunidad de los agresores no debe incomodar a nadie más que a los que practican esas conductas y a los cómplices.

«Las víctimas hablamos cuando podemos. A la gente le puede parecer una barbaridad que denuncie ahora, pero dentro de esta mujer de 60 años está la niña de 17 a la que violaron y agredieron», ha dicho a las periodistas la mujer de 60 años que ha denunciado a Adolfo Suárez.

Nos coloca frente a la historia política y frente a la historia silenciada de las mujeres. Y nos recuerda que las violencias machistas hay que erradicarlas en todos los ámbitos y en todas sus formas. Igual que la corrupción. La democracia también se mide en decencia y honradez.