Diario de León

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Argumentó el rey en su discurso navideño que nuestra democracia corre el peligro de caer en una crisis de confianza, y que esto puede llevarnos a un «hastío, desafección y desencanto», con consecuencias sobre nuestra convivencia. Comparto el temor, además intuyo que con variantes lo sufren muchos países, y no consuela. El monarca tiene no solo razón sino razones, incluidas personales. Es alguien que ha dicho «no» a la mala conducta de su progenitor. En su discurso era el jefe del Estado quien nos hablaba, pero también un hijo. No hablaba de oídas al referirse a la importancia de la conducta ejemplar. Apostó por frenar dicha crisis social con diversos cambios colectivos de actitud y de conducta, y para ello —dijo— es imprescindible recuperar la ejemplaridad, que aunque nos corresponde a todos ha de empezar en quienes primero han de dar muestras de ella: los servidores públicos. En efecto, ¿cómo no percibir en su discurso un credo personal, destello de sus propias vivencias familiares?

El monarca abogó por el respeto, palabra ya casi extinguida en el discurso político. ¿Se ha vuelto aburrida la democracia? No, pero algunos políticos ya aburren a las ovejas, incluidas en las de su propio rebaño. El exabrupto no es discurso crítico. Y la negación de los problemas resulta ya desesperante. Sin embargo, cuando en las noticias me hacen percibirlo todo oscuro y siniestro, pienso en los buenos políticos que conozco, a derecha e izquierda. Los extremistas aprovechan ese «hastío, desafección y desencanto». Cuidado con estos salvadores.

Aludió a la capacidad que tenemos cada uno de nosotros en contribuir a mejorar la sociedad. La democracia somos todos.

En el discurso nos hablaba el jefe de Estado, pero también un hijo proclamando —sin decirlo directamente— que se rige por un modelo de conducta diferente —y antagónico— del de su padre. Supongo que es muy duro llegar a esa convicción, que es compatible con el amor. Lo importante no es pasar a la Historia, sino las razones por las que has pasado. Y aunque le queda mucho camino, algo me dice que con el paso del tiempo se le conocerá por Felipe VI el bueno. Y la reina Letizia —intuyo— ha tenido, tiene y tendrá un cometido esencial en este gran logro.

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