PANORAMA
La Historia como farsa
Pienso en esto porque tengo en las manos un viejo ejemplar de El hombre rebelde, el libro de Albert Camus que tanto molestó a Jean Paul Sartre y que llevó a este último a denostar al que sin duda fue uno de los intelectuales más importantes del siglo XX. Hoy nuestros políticos que se dicen de izquierda son más sartreanos que camusianos. Su acción política consiste en gritar :!Que viene la derecha! Y en eso se amparan para hacer y deshacer a su antojo saltándose todas las barreras éticas y así mantenerse en el poder unos, y justificar sus acciones injustificables otros.Si, me refiero a Pedro Sánchez y a sus socios. En la España de hoy el programa de Pedro Sánchez, y de quienes le secundan, se resume en un solo punto: seguir en el Poder cueste lo que cueste. Y como la alternativa sería un Gobierno de «derechas», para evitar ese fin justifican los «medios».
Pero vuelvo a Sartre y a Camus puesto que esta reflexión es fruto de la relectura de El hombre rebelde, y me vuelvo a preguntar por las posiciones políticas de uno y del otro que les llevo a mantener una enemistad manifiesta, convirtiéndose en oponentes. ¿Qué les separaba? Yo diría que un abismo. Camus, argelino de origen, provenía de una familia humilde en la que carecían de todo. Sartre era hijo de una familia de la burguesía. El uno fue pobre en su infancia, al otro no le faltó de nada. Dicen las crónicas de la época que fueron amigos, o eso parecía, y sus biógrafos aseguran que se admiraban el uno al otro. No lo sé, puede que sí puesto que ambos fueron dos de los intelectuales más potentes de su época. Pero me atrevo a decir que Sartre era demasiado soberbio, convencido de su superioridad intelectual y social, halagado por otros intelectuales, mayoritariamente de inspiración marxista, mientras que Camus defendía una concepción ética de la política y de la vida: el fin no justifica los medios y por tanto los medios deben ser moralmente tan aceptables como los objetivos. Esto provocó un enfrentamiento insalvable. Camus criticó todo tipo de totalitarismos, sin obviar el de la Unión Soviética. Sartre enaltecido, no solo por los dirigentes comunistas, sino por su predicamento y relieve social, reprocha a Camus que la defensa de esos valores éticos son un ataque a la revolución comunista y pueden favorecer a la derecha.
Camus también alerta sobre el nihilismo como consecuencia de abrazar ideologías totalitarias que despojan al hombre de su humanidad. Hay un frase que dejó escrita en su obra Caligula: «No se puede destruir todo sin destruirse a sí mismo».
En la España de hoy abundan las voces, como lo fue la de Sartre y escasean, o acaso no se escuchan, las que llevan el eco de Camus.
Ojalá relean a Camus todos esos intelectuales que ciegamente cierran filas en torno al sanchismo al grito de ¡Que viene la derecha! Pero me temo que cien años después nuestros intelectuales prefieren militar junto a Sartre bien pagados con distintas prebendas.