Un hermano del hombre lobo en La Pola
Autor de escasos cuentos, pero de mucho cuento, recuerdo ahora uno, «…Y una navaja enorme», aparecido en el volumen colectivo Cuentos de León narrados por… Y lo recuerdo porque durante algunos años de la infancia —creo que de muchas infancias de mi entorno— había un miedo, silencioso, colectivo y amenazante, por el personaje del sacaúntos o sacamantecas. «Era un hombre, generalmente grande y mal vestido, que se dedicaba a buscar niños por los pueblos para sacarles las grasas hasta dejarlos en los huesos. Esa grasa se la venden a algunos viejos ricos para que parezcan más jóvenes». Una circunstancia concreta que encogía el estómago. En aquella ocasión «no salí de casa en unos cuantos días».
Al parecer, y lo subrayo por carecer de argumento que contradiga la sospecha, ese miedo que aflojaba los esfínteres se acentuaba en aquella zona por una presencia que, absolutamente inofensiva como cuentan los cronistas orales, suscitó la llamada irracional que se cuela por todas las rendijas. Y perduró en el tiempo. Las muestras son innumerables, aquí y en Pernambuco. Pero aquí, en La Pola de Gordón, vivía un hermano de Manuel Blanco Romasanta (1809-1863), conocido como «El Hombre Lobo de Allariz» o «El Sacamantecas», el primer asesino en serie español documentado, que mató a diecisiete personas, fundamentalmente mujeres y niños. Y ya se sabe, con semejantes virtudes familiares los vecinos de hermanos y parientes no las tendrían todas consigo y el asunto bien podría haberse convertido en un irracional motivo de miedo comarcal. Se supone que el hermano, Antonio, al parecer tendero ambulante y comerciante, dada la carencia de indicios que lo contradigan, hacía una vida dentro de los más estrictos cánones de la normalidad. Pero vaya usted a saber…, que para mayor prevención, se sabe que su hermano, el que creía convertirse por las noches en hombre lobo, anotó su primera víctima en la zona del pueblo leonés de Tremor de Abajo. Además se le describe en ocasiones como residente en Pardavé y Manzaneda y con una relación muy intensa con su hermano Antonio. El 16 de diciembre de 1864, el Cabo de Año de Manuel fue pagado por el hermano de La Pola. Buen tema para investigadores y curiosos de la localidad gordonesa.
Sabedor de mi interés por esa zona del Alto Bernesga, Ricardo Magaz, que tanto sabe de estos y otros muchos asuntos, me envía información cuando localiza alguna que me puede interesar, como esta. «Romasanta, debido a su naturaleza de lobishome —escribe Magaz— comía trozos de cadáveres de sus presas humanas. Luego, ya sin la maldición de la Luna, les extraía el unto o grasa corporal que vendía como buhonero en el norte de Portugal a precio de oro como «ungüento milagroso», si bien…».
Tantísimos años después creo entender la razón de la amenaza que nos metía el miedo en el cuerpo y nos podía paralizar durante un tiempo. Hoy a los niños de la zona no se les amenaza así, entre otras razones porque, desgraciadamente, no hay niños o muy pocos, y, además, Manuel Blanco Romasanta había muerto en una cárcel de Ceuta hace más de siglo y medio. El cine y la literatura lo mantienen en el recuerdo, envuelto en una curiosa gasa de misterio.