Diario de León

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Decía el filósofo Gustavo Bueno que un gobierno de izquierdas (pero de izquierdas de verdad) debería suprimir la lotería. Se trata del sistema de redistribución de riqueza más injusto y aleatorio: un método diabólico en el que los contribuyentes aportan dinero al tuntún para luego repartir caprichosamente unos milloncitos, al albur de un bombo y unas bolitas. Esas edificantes imágenes de ciudadanos pobretones descorchando botellas de cava quedan muy bien en los telediarios, pero en última instancia son irrelevantes.

Gustavo Bueno tenía razón y a la vez se equivocaba. El problema de los filósofos materialistas es que no comprenden la naturaleza humana y pretenden encerrarla, aunque sea a martillazos, en sus cajitas teóricas. ¿Y el veneno de la ilusión? Al menos desde Aristóteles corre por ahí el bulo de que hombres y mujeres somos seres racionales, una visible exageración que solo podemos admitir en los términos, filosóficamente mucho más atinados, de Siniestro Total: «Nosotros somos seres racionales/ de los que toman las raciones por los bares».

Los matemáticos nos advierten todos los años de que las posibilidades de que a uno le toque el primer premio son ínfimas, casi ridículas, ¿pero cuál sería entonces la probabilidad de que no solo te caiga el Gordo, sino de que además hayas extraviado un talonario y se te queden cuatro millones de euros en el limbo? Eso tiene pinta de ser un 0,000000000001% o menos, una cosa pequeñísima, como el bosón de Higgs o la decencia de Trump, y sin embargo ha sucedido y, de paso, ha confirmado nuestras peores sospechas sobre la codicia de los seres humanos sean o no de Villamanín, provincia de León.

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