CUERPO A TIERRA
Entre el so y el arre
Lo vemos cada día. Habitamos un país de extremos, abocado al cara o cruz, al blanco y negro, al todo o nada. Una gestión pésima –da igual el ejemplo: pongamos el apagón global o los incendios de este verano atroz– no genera la dimisión inmediata de nadie. Aunque se sabe perfectamente a quién se debería cesar, porque se le esconde, deja de comparecer públicamente, se le mete en la nevera como a los árbitros de fútbol un par de meses y luego reaparece como si nada. ¿Memoria corta? En un capítulo de Hercules Poirot, el detective creado por Agatha Christie, un político declaraba estar perfectamente al tanto de la idiocia de sus electores con estas palabras: «La prueba de que nuestros votantes son estúpidos es que nos siguen votando». Creo que no se puede decir mejor.
El refrendo en las urnas es poco menos que una impunidad a prueba de bombas. Pero no se trata solo de esto, porque una cosa es que legalmente no haya culpables y otra que nadie sea responsable, cuando se cobran sueldos de altísimo responsable por tratar de implementar una generación eléctrica ecologista o apuntarse el tanto de «ese presupuesto lo afino yo enviando al paro a las brigadas forestales». Hasta las travesuras triviales de los niños, que tampoco entran el código civil, llevan aparejado su castigo. El problema quizá sea que la incompetencia, a la mayoría de nuestros cargos, se les supone, pues se los coloca en el puesto sin atenerse a sus capacidades, cuando las tienen. Juez, por ejemplo, lo mismo vale para ministra de Defensa que para consejero de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio.
La izquierda, porque está en sus genes, casi siempre aboga por ideas prematuras, para las que las mentalidades aún no estás preparadas. Va haciendo camino al andar, pero muchas veces se apresura tanto que el horizonte permanece lejano e inalcanzable. En cambio, la derecha tiene inscrito en su genoma el paso corto, el repensar tanto las cosas que por fas o por nefás van quedando desdeñadas o circunscritas a un debate de ideas de fundación, lo que al cabo viene a ser detenidas, arrumbadas al desván del «ya lo veremos cuando toque». Si hay algo necesario ahora mismo en este país es una tercera vía intermedia, ni tan acelerada ni tan somnolienta, una nueva opción entre el so y el arre.