Revictimizados por el «Común»
Desde los chalés de los perímetros de las ciudades, probablemente se percibe mal la cruda realidad que se vive en el epicentro de las urbes, y más concretamente en los cascos antiguos que, literalmente, ejercen una fuerza centrífuga que expulsa, cada día que pasa, un poco más a sus últimos pobladores. Se ha ido formando una especie de tormenta perfecta que ha extendido lo que algunos han querido denominar «efecto Venecia», esa perversión que supone travestir en parque temático lo que debería ser el corazón de cada localidad. No todo es cuestión de pisos turísticos... deberíamos pensar hasta qué punto es factible habitar en lugares como el Barrio Húmedo con normalidad y calidad de vida. Hay ciudades donde se pagan fortunas por hogares céntricos. Aquí se hace imposible.
León se ha sumado a las tendencias migratorias hacia barrios tranquilos con una rotundidad apabullante. Exhibe un auge, sin final en el horizonte, de establecimientos de ocio de todo tipo, al que se han sumado unas peatonalizaciones con evidentes beneficios, pero capaces de hacer inhabitables muchas calles. Y todo aderezado con ser también el epicentro del llamado «vandalismo urbano». En los chalés, ya sean pareados o exentos, nada se percibe de todo esto. De la cruda realidad de despertarse de madrugada oyendo a una que chilla o a otro que da patadas a una lata. Eso si no llega la ambulancia tras una puñalada. Recuerdo cuando un amigo emigró del Húmedo a Eras de Renueva y admitió que había sido su primera noche en años pudiendo dormir de una sentada. Era uno de esos vecinos que, cuando bajan a la calle por las mañanas, se encuentran sus fachadas pintarrajeadas, meadas —literalmente— o vomitadas, con todo tipo de destrozos y sin que nadie les escuche, les ayude o se lo compense.
La institución del Procurador del Común ha encontrado la solución frente a esta indefensión. El Ayuntamiento debe multarles por afear la ciudad. Son las víctimas revictimizadas de ese vandalismo del que tenemos noticias todos los días —incluidos los contenedores ardiendo que generan riesgos humanos— o con mobiliario urbano sufriendo iras nunca bien orientadas. Hay que multarlos... gritan desde los chalés los que quieren ir a pasear por un centro de la ciudad que esté aseado.