Diario de León

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Los carriles en la política se han estrechado en grado sumo. Queda muy lejos en el tiempo lo de los versos sueltos en los partidos, esas voces que plantaban cara a las direcciones y decían las cosas con claridad. Alguno pensará que sí existen ejemplos, quizá no tan lejanos, de perfiles alternativos. Pero quizá eso se percibe desde la miopía del cortoplacismo, sin atender a las motivaciones internas de pura supervivencia en el choque directo con el rival próximo —a vida o muerte literal— o incluso aventurando hipotéticas jugadas, a las que es bueno llegar con una cabeza de ventaja, como dicen en la hípica, para posicionarse en un futuro más o menos previsible. Algo así como lo de las ratas cuando el barco tiene una vía de agua...

Para hacer carrera de verdad dentro de un partido hay que ser un pura sangre. Seguir la línea trazada sin mirar a los lados, firmes por esos carriles en los que apenas queda margen para las aventuras. El móvil es hoy un terrible instrumento para los últimos osados o para los torpes, un cauce para que los toques de atención sean literalmente inmediatos, haciendo imposible la opción de esconderse ni siquiera unos minutos. Las llamadas a filas, literales, se entrecruzan con los argumentarios en los que también se encara hacia adelante, aunque sea al precipicio, pero negando la mayor y dando por bueno todo lo que manden. Quizá se ha llegado a un sonido tan monocorde como unidireccional, en el que apenas hay que incluir directrices, puesto que, salvo los más torpes, todo saben cómo hay que subir y bajar la cabeza para decir sí al más puro estilo equino.

Quizá esto anime la desafección hacia todo lo relacionado con la política. Esa sensación del ‘nos toman por tontos’ cuando se escucha a un mandatario u opositor mentir de manera flagrante para defender a los suyos. Lo dicho, todo unidireccional.

Con este panorama afrontamos un terrible y largo ciclo electoral en el que las monsergas se sucederán con ese último fin de decidir quién se queda en casa y quién va a votar. En juego está esa terrible decisión, y ya se sabe que la abstención siempre beneficia a los más extremistas. Esos, van fijo a la urna.

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