NUBES Y CLAROS
Hay, hubo y habrá, si se quiere
Sólo hay que desearlo de verdad. No hace falta cerrar los ojos y apretar los puños, creer en que un futuro mejor es posible, encomendarse a los astros y la ciencia para que una nube de estrellitas se despeje ante nuestros ojos desvelando un vehículo del futuro capaz, fíjate, de recorrer por raíles ya construidos la distancia que misterios insondables pretenden convertir en insalvable entre La Asunción y Padre Isla. El inalcanzable tren de futuro que cerraría con limosnas presupuestarias la herida largamente abierta y cada vez más sangrante de devolver Feve a Padre Isla se fabricó para León hace más de diez años, y desde entonces, para ahondar el agravio de la tozudez que niega hasta las migajas a esta tierra, circula rumboso con importantes cambios tecnológicos por rutas mexicanas. No se necesitan explicaciones. La afrenta, de cuantos han tenido algo que decidir o presionar en la irrenunciable exigencia leonesa, no tiene justificación. Sí habría de tener consecuencias.
La Asociación Ferroviaria Reino de León desveló ayer que los trenes fabricados expresamente para la ciudad hace años, tras una sucesión de despropósitos cuyo resultado final es el patético ya conocido, llevan años funcionando en México, donde no tuvieron problemas en adaptar ni sus anchos métricos ni las energías que los impulsan. Tanta puñetera pamplina de negacionismo local arrojada a la papelera, como el futuro de León, por un sentido más práctico y menos melindroso sobre la necesidad real.
Mas por qué mirar solo al pasado. El futuro se abre a ritmo vertiginoso. Lo sabe el ministro de Transportes, Óscar Puente, que conoce bien la realidad leonesa. Acaba de volver de una estratosférica inmersión en el futuro del ferrocarril entre las punteras multinacionales chinas. Le embriagaron no sólo la tecnología del país sino sus precios y plazos de entrega, que le permitirán galopar en sus proyectos de alta velocidad frente a costes y condiciones europeas que tan poco le convencen.
En China se empapó también de los avances para media distancia y cercanías. En esas multinacionales, donde toda tecnología y avance del lunes es ya tiempo pasado el domingo. ¿no encontró ni un resquicio para abrochar el quejido de la montaña leonesa?
No es cuestión de tecnología. Es de voluntad política. No la hay. No más cuentos. Sí más cuentas. ¿Seremos capaces?