Lo que sí
Claro que sobran razones por las que merece la pena vivir. Y faltarán hojas para ponerlas en relación. Tú sigue anotando: el morcillo estofado y las manzanas fritas de tu madre... el amor que les quede o les crezca a los tuyos... el vértigo en la noria de tu primer amor llevándola a un arrimarse... el «Lascia ch»io pianga» de Händel... las garrapiñadas de Villafrechós... volver a la infancia un rato con el álbum de Sitting Bull y Gerónimo... cazar jilgueros... los albérchigos birlados al señor Jalón, las cerezas garrafales de Quilós y la leche frita de Amada la de Barrios... el vino caliente con azúcar simulándole un resfriado a tu abuela... pescar un truchón a mano en el pozo más hondo y cristalino del Torío... la primera noche lejos de casa en una tienda de campaña con miedo a lo oscuro y al lobo... rezar bajo una vidriera de la Catedral para que tus angustias se vayan al cielo vestidas de colorines... un libro prohibido fumando cigarrillos de anís... ir de perro en un madrugón de codornices con Miguel Delibes... escaparse con Belita Gracia a un baño furtivo en el pozo del Burro del Bernesga y en bolas la rapacería pobre de aquellos barrios... un pastel de hojaldre y crema de Camilo de Blas; y dos, orgasmo en boca... doctorarse en musarañas en las tardes sin recreo... el mar entero de Lastres en los ojos de un niño de secano... grillarse la catequesis... tomar la calle montando partido de balón-tiro o de manro-chazo... aprender a tocar la armónica... un julepe de risas en la cocina de madre... una rica Navidad de pobre antes de las muñecas Famosa... encontrar un pasmo total en la Garganta del Cares... hacerle barricada al invierno con una matanza llenando los varales del curadero... ir al teatro y no querer que acabe de hablar Lola Herrera... el olor de una higuera en una siesta de verano... el Quijote, Quevedo, Cioran y Canetti masajeándote el cerebro o desarmándolo... la niña de tu ensoñación estrenando blusa... dibujar una carabela de mucho velamen para embarcar secretos... el pasillo de casa oliendo a café y tostas fritas... un revolar de seis campanas... aquel perro mil leches que te dio toda su ley... una hoguera en la peña, una guitarra y un sólo hablarse con los ojos...