Diario de León

al trasluz

Eduardo Aguirre

Eduardo Aguirre

Única tiranía buena

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Inquieto por la actualidad, llamé a Ignacio Huerta Bravo para conversar sobre el pasado político, con motivo de su libro: ¿Qué es eso de ser fascista en España?. Un título tomado de Ledesma Ramos, quien podía afirmar «el fascismo soy yo». Lleva el subtítulo: Un estudio sobre los discursos del fascismo a través de sus propagandas y contrapropagandas (1922-1945). Hijo del gran filólogo astorgano Huerta Calvo; la pasión por el estudio quizá vaya de regalo en los genes, pero cada logro es propio. Doctor en Literatura por la Universidad de Michigan, ha ejercido durante la docencia en Estados Unidos; ahora, en Madrid, imparte cultura, arte y literatura españolas para estadounidenses, en la CEA CAPA y en el Consejo de Intercambios Educativos con el Extranjero. Un sólido intelectual, pero también un joven humanista sencillo y con buen humor. Ha pasado muchos veraneos en Brazuelo y eso nos concede familiaridad. Hubimos de consensuar la hora para nuestra charla telefónica, pues él vive sujeto a la única tiranía buena: la del horario de un bebé. Tanto la lectura de su ensayo —que aún no he terminado— como nuestra conversación me llevan a celebrar la existencia de una generación de la que cabe esperarlo todo. No desesperemos, pues, ante este presente inquietante. Leamos y escuchemos a quienes saben más. Preguntemos. Ignacio Huerta tiene delante un brillante camino de servicio, a través de la investigación, la docencia y de sus libros.

No basta con saber que el fascismo es malo, hay que conocer cómo surge y por qué atrajo a personas de incuestionable inteligencia; por cierto, algo aplicable también a otras ideologías extremas. Personalmente, de utilizarlo hoy prefiero en plural: fascismos. El libro, editado por la Universidad de Alicante, es un ejemplo de rigor expositivo, de distanciamiento analítico y —a la vez— de mirada escrutadora.

Volveré a escribirles sobre ¿Qué es eso de ser fascista en España?, cuando sea presentado en León. Y sí, fue conmovedor pactar la hora de nuestro diálogo telefónico, en función de esa una única tiranía buena; un bebé. La familia además de intrahistoria es también ese puñado de verdades que iluminan la oscuridad del mundo, pues nos ayudan a no rendirnos.

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