EL MIRADOR
Realismo mágico
Justo el día en que cerró una librería famosa de Madrid, el ministro Urtasun compartió con visible satisfacción una buenísima noticia: en España se lee mucho, una barbaridad, cada vez más. De seguir así, la voracidad lectora de los españoles pronto alcanzará cotas jamás vistas en Oxford o La Sorbona, lo que podría incluso agravar la crisis de la vivienda, al exigirle a la familia media española cuantiosas inversiones en estanterías de Ikea, atriles y marcapáginas.
No sabemos en qué medida hay que agradecerle estos índices majestuosos al Ministerio de Cultura, pero algo habrá ayudado la formidable voz de barítono del ministro: cada rueda de prensa de Urtasun computa como audiolibro.
La peculiaridad de España es que al mismo tiempo, según los datos del informe PISA, la comprensión lectora cae a pasos agigantados. O sea, que miles de españoles están devorando libros sin entender lo que leen, lo que abre amplio espacio a la fantasía: «He comprado un tratado sobre escarabajos de un biólogo checo, un tal Kafka», «pues yo acabo de terminar lo último de Habermas y me ha parecido que al final la mujer sí que le ponía los cuernos».
Los chavales ya están bajando al botellón con las obras completas de Dostoievski, a ver si así hay suerte y echan un polvete.
Algunos aguafiestas aseguran, sin embargo, que las encuestas de lectura son como los sondeos de prácticas sexuales, que cuando uno dice tres a la semana en realidad está diciendo ya me gustaría a mí. Eso explicaría el cierre de librerías y, lo que es peor, su conversión en lugares confusos en los que lo mismo te ponen un tinto y un pincho de tortilla que te venden la última novela de David Uclés.