Diario de León

EL MIRADOR

José Ramón Alonso De La Torre

Uvas chilenas

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El acuerdo Mercosur consiste en importar desde América productos nocivos para la salud. Esta definición reduccionista la lanzó la pasada semana un dirigente agrario en el fragor de la batalla. Se entiende el dislate por la pasión encendida y el contexto mitinero.

La voz cantante, o, por ser modernos, el relato, la llevan en este debate los ganaderos, que pueden ser los más perjudicados por el tratado.

No será por mí, desde luego, que seguiré comprando costillas ibéricas baratas y ricas de cerdos de las dehesas de mi provincia, falda de corderos del entorno y aguja de terneras criadas, según certifica documentalmente mi carnicero, cerca de Trujillo. Comer bien a buen precio es cuestión de educación y mentalización.

Pero reconozco que muchos consumidores compran deprisa y barato, sin pensar en el origen de la carne, aunque Mercosur es mucho más que carne. Supone abrir un mercado de más de 700 millones de habitantes y un ahorro de 4.000 millones para las empresas españolas. Favorece sobre todo a la industria y la automoción. En el mundo agropecuario, beneficia al vino y al aceite y muchas frutas y verduras se producen en contraestación: tendremos, a buen precio, uvas chilenas en enero y naranjas argentinas en agosto. Y viceversa.

Como los consumidores no llevamos la voz cantante, se impone el mensaje de que Mercosur es obra de burócratas desalmados que quieren acabar con el campo y con los europeos. Atentos a la megafonía del relato, los aspirantes a gobernar secundan esta idea catastrófica y los ciudadanos no salimos de nuestra perplejidad: ¿será cierto que Mercosur es otra manera de envenenarnos? En fin, me voy a por morcillo y que sea de Trujillo.

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