Diario de León

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De cuando en vez los ríos se salen de madre si las nubes vienen atormentando. Es el caso de las borrascas encadenadas que están poniendo a escurrir a media España. Hasta aquí, normal, norma de milenios. Lo verdaderamente anormal es que le hayamos robado la madre a los ríos, su propio espacio, el que fijó su régimen de avenidas en siglos y siglos, su capricho natural de desmadrarse cada equis años estableciendo a lo ancho su dominio, ahí donde poner ladrillo o pie es una estúpida temeridad y castigo cuando vengan un día exigiendo lo que les robaron, su campeo y expresión natural que, mal que bien, se mantuvo casi intacta hasta los años 50 en nuestras riberas bajas del Órbigo o Esla, por ejemplo, cuando empezaron a entrar en sotos y riberas los ogros hidráulicos con excavadoras y explanadoras para crear obsesivas choperas de monocultivo forestal (o nuevo suelo público para campings, zonas deportivas o equipamientos municipales), apresando cauces con la idiota intención de domesticar ríos con barreras y escolleras. Y así, el estrechar y empequeñecer su «vaso» fue garantizar un más fácil desbordarse si el aguacero es de excepción, aunque ni existiendo su antiguo lecho se hubieran evitado sin duda las últimas inundaciones andaluzas, extremeñas o gallegas, porque esta vez las lluvias se desataron de forma inédita y salvaje, pues salvajada insólita son los dos mil litros por metro cuadrado en un solo día en la sierra de Grazalema. Nadie recuerda por allí riadas tan devastadoras cuando una vez más parece sentarse al festín un cambio climático que sólo el ceporro o listorro negacionista refuta frente al consenso científico que fija en actividades humanas su origen y consecuencias. Y, cómo no, ahí se apunta de nuevo ese Figaredo de Vox en su papel de «lenguaratu babayu» riéndose de tal consenso. «También había consenso científico de que la Tierra era plana, dijo una vez, hasta que demostró lo contrario Galileo Galilei». Eso, rapaz, es ignorar y falsear la Historia a beneficio; lo que Galileo demostró, y por ello le condenaron, fue que era la Tierra la que daba vueltas al Sol y no al revés. La que es plana, pues, es tu mollera.

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