Diario de León

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Hay un vino cuyas cepas de cincuenta años miran al Duero desde sus 900 metros de altitud y ya le hace alguna sombra a los renombrados vegasicilias o pingus, aun siguiendo estos tan cómodos en su alto podium de referencia excelsa y bien cara, que no es este su caso al andar bien prudente en precio. Ese vino, está enteramente hecho a mano desde el mullirle el terruño (diga terroir el que quiera afrancesar lo propio) hasta el fermentado y encubado... no hay máquina que lo toque en viña o fertilizante químico (sólo abono de oveja), ni riego que le auxilie... a mano se excava y a mano se vendimia, a mano se elige cada racimo (sólo dos de cada cepa; y no se elabora en todas las añadas, sólo en las óptimas) y a mano lo crían y mecen su cuna para dormirlo y que reserve sus potencias con tres años de crianza en barricas en cuatro maderas distintas para poder seguir creciendo otros diez en botella y alargándose desde ahí en el sueño del coleccionista. Aunque su bodega elabora cuatro diferentes caldos de uva tempranillo y uno de albillo, hay uno que asombra al mundo alcanzando 99 puntos sobre 100 (Master of Wine Frank Smulders) con cosechas excepcionales de 2001, 2011 y 2015, y sólo superado por un mítico borgoña Château Haut-Brion grand crus. Es ya uno de los vinos españoles con mayor prestigio internacional (en Estados Unidos les priva), «Valduero», Dos Racimos, gran reserva 2015 se llama. Pero dos cosas me asombran de este vino: son dos mujeres las que lo patronean... y sus viñedos de excepción se cultivan «en vaso», excavada la cepa en cuna de tierra, pequeño cráter para que el fruto quede entoldado bajo el ramaje. Y aquí mi perplejidad, porque «en vaso» se cultivaron siglos y siglos todas la viñas de las tierras leonesas —riberas, páramos y Campos— hasta que llegó la rentabilidad en volumen de la espaldera que hoy todo lo ocupa, ese trepar con muletas las cepas a media altura permitiéndole además el riego. Su razón tuvo el viejo cultivar... y ha de haber aquí quien mire a ese ejemplo burgalés y vuelva a la técnica «en vaso», pues quizá con mano artesana se logre el vinazo de gran propiedad que la DO León merece y espera.

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