CORNADA DE LOBO
San Calentín
Ahí viene ya... lleva asomando un mes en sus vísperas con un cortejo comercial de cien pares por banda, viento en polla a toda vela, no corta el plan, sino vuela, este diablillo pillín... san Calentín en persona, san Calentón en peana santa con altar en cada escaparate... y con gran gana de redundar en «lo único», cae este año el tío en sábado sabadete entre farsas y sorbetes... san Calentín bendito, que en el Cielo estás escrito con chinchín y el chirri frito... y si aflojas pasta, verás cachito.
Pero san Valentín es un fake del siglo III en toda regla y más falso que las mulas de Cabo o un duro de seis pesetas. Incluso la tumba venerada por sus devotos resultó ser el túmulo de un ricacho que se hizo enterrar en iglesia, pero las ganas populares de tener un santo partroneando el amor de pareja consagraron la patraña que respondía, además, a la pervivencia y cristianización de una fiesta de la Roma pagana celebrada en las Lupercales a mediados de este mes y llamada «Juno Februata» en la que los jóvenes varones extraían de una caja el nombre en papel de una moza con la que se emparejaban esos días con licencia para meter y sin obligación de compromiso, aunque salieran también matrimonios duraderos (similar festejo pervivió en costumbres leonesas como las «Ceibas» cabreiresas o los emparejamientos anuales que se fijaban por sorteo en velada comunal de Nochevieja). Pero en el mundo anglosajón pervivió la devoción con obligación de regalar algo al ser amado, algo que jamás se vio en España hasta que el célebre periodista César González Ruano planteó en 1948 importar el cuento, cosa que alegró infinito a Pepín Fernández, dueño de Galerías Preciados, que en el acto alentó a celebrarlo con compras y pijaínas. Y ya no hubo dios que parara la cosa hasta este hoy en que todo vistazo a teles o establecimientos se plaga de corazones, cardiodemencia abusiva. Lo que pocos saben es que Pablo VI eliminó en 1969 a san Valentín de este día y del santoral por las graves dudas de su existencia y lo excesivamente pagano en que acabó... y ya sólo es la Iglesia quien no lo celebra... o sea, ¡san Valentín ha muerto!, ¡viva san Calentín!...