Diario de León

PANORAMA

Fernando Jáuregui

Fernando Jáuregui

La mujer que pudo (y quiso) ser presidenta

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Reconozco que cuando, el 2 de abril de 2023, ni tres años hace, escuché a aquella mujer decir que sería la primera presidenta del Gobierno de España, lo creí perfectamente posible. Se presentaba en el polideportivo Magariños de Madrid, alentando algo que nadie sabría definir si era un partido o un movimiento político, era algo nuevo dentro de los postulados de la izquierda. Yolanda Díaz era ya vicepresidenta y una a mi juicio bastante buena ministra de Trabajo, polémica, claro, porque ella lo planteaba todo desde su perspectiva de izquierda, de ese sindicalismo comunista que heredó de su padre, un histórico de la lucha de los trabajadores. Luego, cabalgando a lomos de un exceso de sonrisas vacías, de una pésima comunicación y de un círculo de colaboradores no muy eficaz, el mito se ha ido diluyendo. Y ahora nos preguntamos: ¿dónde vas Yolanda Díaz, dónde vas, triste de ti?

Advierto, de entrada, que tengo mis dudas sobre la viabilidad de los múltiples planes de reconstrucción de la izquierda a la izquierda del PSOE que andan pululando por los cenáculos y mentideros.

En algún momento pensé que una solución sería quizá la entrada pura y dura de Yolanda Díaz en la estructura del PSOE, una especie de ‘operación Garzón’ con características propias. Pero ahora doña Yolanda necesita reestructurarse, reubicarse, casi reinventarse en una operación de comunicación que ni ellani sus adláteres, e incluyo a ‘sus’ ministros, parecen capacitados para llevar a cabo.

Yolanda Díaz no puede iniciar el despegue siendo una más de las vicepresidentas de Sánchez, y menos sentada en el escaño azul junto a una María Jesús Montero por completo abrasada, y más que lo estará tras las elecciones andaluzas. Ya que Sánchez se resiste a hacer una a mi juicio muy necesaria crisis de Gobierno, debería ser su vicepresidenta segunda, es decir, Díaz, quien la propiciase por su cuenta: fuera del Ejecutivo todos los ministros de Sumar, para facilitar, entre otras cosas, la reconversión de la propia Sumar y de su entorno.

No debe ser la de Yolanda Díaz una figura para el olvido, y menos para que la denigren quienes, en el fondo, para nada quieren el fortalecimiento de la izquierda. Es mucha la gente que mantiene posiciones progresistas y no se identifica plenamente con el ‘actual’ PSOE: no será desde dentro de las estructuras de ‘este’ PSOE desde donde se recoja a todos estos ciudadanos.

Díaz debe, entiendo, abandonar su dependencia de Sánchez antes de que el peso (muerto) del entramado presidencial la aplaste definitivamente. Ha de volver a volar libremente, y eso no se logra estando presa en una jaula, aunque sea la jaula, cada vez menos dorada, de La Moncloa.

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