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Con las elecciones, crece la nariz. Hay políticos pegados a una tocha. Todo son clérigos cerbatanas. Igual, Quevedo daba otra vuelta al carrusel de metáforas. Se han visto cosas escritas como novedad en este febrero que ya fueron portada hace cuatro, ocho, doce; hasta dieciséis años sin forzar los recuerdos de placer que le dan al votante rememorar el romance. La segunda peor carretera de León siempre se arregla cuando llegan las elecciones. Y entra en circuito al desempolvar las urnas igual que licua la sangre de San Genaro. El trato con la trola hace pensar que creen que los votantes son mermados, o gilipollas, si no fuera porque es un término muy grueso y poco apropiado para tratar a un votante que destina la mitad de lo que gana en cosas inconfesables que también pulen en legislar para quitarle la otra mitad. Hace poco, llamaron a dos eurodiputados para alabar las excelencias de los valores que apadrina el sistema. No se sabe si es justo hablarle de valores a un contribuyente que está mondado a impuestos y latigazos. Este día de atrás, Pedro dijo que no hay que desregular, que la desregularización sólo es buena para los políticos que no tienen agarrado el cazo por el mango; y la alforja llena. Pedro no es como los alemanes que ya le han visto las orejas al lobo y saben que como no aflojen la bota con la que pisan la cabeza del pobre (¿habrá pobres en Alemania como en León?) en la próxima estación de los votos les van a afeitar sin espuma. Pedro, la nueva borrasca, confirma el peor de los temores de la UPL y se mete en campaña, tal y como se barruntaba la pasada semana con la tunda de Aragón aún caliente; y ya dirige las palabras y mensajes de sus soldaditos de plomo en León para que acomoden el mensaje al disgusto. Palabras esdrújulas y otras estiradas, sostenibilidad, resiliencia, para lo positivo; fachosfera, oportunismo y manipulación, contra las críticas. Y a tirar, aunque sea chimeneas de térmicas, mientras se agota el suministro eléctrico para que las empresas creen empleo en León sin oposiciones y pesebres públicos. Y venga risas, que hay que votar y faltan figurantes para rellenar huecos del CIS.