LEÓN EN VERSO
La matraca electoral
La campaña electoral es en política lo que los juegos a la olimpiada; lo sabes cuando eres picador en la sala de teclados, cuando empiezas a firmar las notas de prensa de los gabinetes y terminas por bailar la música del telediario. Las campañas electorales son gerundios a gogó y brotes de idolatría; la campaña es época de siembra, de grano en el surco y espigas que madurarán en los despachos. Hay vida más allá de las redacciones, en puestos de confianza sobre moquetas. No se ve, a fuerza de mirar la realidad con los ojos críticos y severos que no ceden al intento del yo te saludo, plumilla, que corrompe la dignidad igual que el viento húmedo las piezas de cecina que se curan con vistas al Teleno. Sobre todas las campañas, hubo una fantástica, por la osadía, los autocares en plan comitiva del circo que en junio se instalaba en Clarés para que una felina diera a luz un ligre, mitad león, mitad tigre, y ya había algo alegre que ofrecer a la masa electoral; de alternativas a los jóvenes, ya dentro de cuatro años. Juanvicente engaña a la gente; Villalba, promesas a mansalva, y así hasta que los jefazos del bipartidismo decidieron cortar por lo sano, no fuera que los garbanzos reventaran la pota. Luego, quedaron las objeciones de Miguel Martínez a este tiempo incierto en el que se trata de salir, al menos, con los mismos votos con los que se entró. La cosa es la narrativa; comprar el relato a tipos de los que sabes cosas inconfesables y que contravienen el consejo de los narcos acerca de no colocarte jamás con tu propia mercancía. Por ejemplo, el Prisoe declina descentralizar y la duda está entre el tren León-Ponferrada y los trescientos kilos de la estación de Valladolid y la U, de Olmedo; o el momento en el que se esfuman la ganas de votar al Pepé con el video de González Pons contra un rival ché por la insidia de criticar el puterío de un ministro de Transportes. Era un directo, y le ahorró a Morant la molestia de levantar la vista del atril. El votante creyó que Diana era pariente de los moranes de la Diputación. A qué asunto quiere ir la UPL a un debate de esos que no va a entornar ni un voto. La tele ya no decide; por eso quieren fumigar el twitter.