CORNADA DE LOBO
Esquilache
Llegado el italiano Esquilache a principal ministro de Carlos III y viendo que Madrid era una cochambre sin saneamientos, mal iluminadas sus calles que de noche eran boca de lobo y con las gentes embozadas con capas largas y chambergos de ala ancha permitiendo ocultar por completo el rostro y la figura, escondiendo así armas bajo sus vuelos y facilitando la delincuencia o el crimen, determinó que se recortaran las capas y que se cosieran las alas al tazón de sus sombreros despejando las caras, dejándolos así en un «tres picos», que de ahí vino el tricornio. Modernidad y decencia pública lo exigían, pero Esquilache no dejaba de ser un extranjero que atacaba lo castizo e identitario, así que el motín que le montaron hizo tambalearse el misterio nacional, motín que instigaron los jesuitas defendiendo aquel burka masculino como cosa muy españolísima. Normal que les expulsaran al cabo de todo territorio hispánico, lo que aplaudieron las demás órdenes religiosas liberándose así de la más poderosa e influyente. Ahí comenzó el destierro de nuestro jesuíta padre Isla, igual que se expatrió al antiburka Esquilache que resucita hoy y sus tijeras liberadoras se dirigen a recortar burkas y niqabs en espacios públicos para que las mujeres sometidas por el rancio islamismo opresor dejen de parecerse a tantas monjas de clausura obligadas aquí hasta anteayer a velar también del todo el rostro que ningún hombre, ni el capellán, podían ver, aunque jamás se atreverá a meter tijeretazo a tantísimas nazarenas y nazarenos que, además de su burka penitencial, lo exageran con un capirote aún más ostentoso que el de los condenados por la Santa Inquisición a los que se imponía también un «sambenito».
La España cristiana copió del musulmán (siete siglos español con rigurosa observancia del Islam) cuatro cosas: el pendón, el rosario, el penitente latigándose la espalda hasta sangrar y el chador de sus mujeres, mantón que las velaba enteras menos el rostro y que acabó en toca y sayo de toda religiosa. Pero menos mal que aquí se prohibirá el burka sin haberse visto uno solo entre los ocho mil musulmanes que viven en León.