Diario de León

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Bismarck podría haberlo dicho hoy mismo: «Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de una cacería». Estamos en un momento que reúne, en varias versiones, cada uno de los tres escenarios. Luego no caben más dudas sobre el fuego cruzado de mensajes que asfixia el aire que nos acogota.

Un panorama prometedor. En el sentido literal y figurado de la palabra. Vuelan las promesas a los oídos de los electores, muchos sordos de antemano a cuanto escapa de su prejuicio; otros atónitos ante el guirigay alocado de la dinámica de campaña, en la que todos dan palmadas en la espalda de aquellos cuyas circunstancias ignoran pero aseguran que van a mejorar; no pocos rebotados hasta el extremo de introducir la papeleta no a favor de nada, sino contra todo y contra todos. Lo de siempre. Prometedor análisis queda pendiente, sea cual sea el resultado.

Puestos a prometer, nada tan atractivo como lo gratis. Todo eso que ahora se paga, y que a la vuelta de las urnas no tendrá coste para el ciudadano, del transporte a la universidad, del gimnasio a la vivienda, del que utiliza a diario un cercanías en Madrid al que va en el coche de San Fernando en León, del que no puede trabajar y merece el colchón social al que no tiene la más mínima intención de laborar y chupa del fondo común en iguales condiciones. Todo en lo que se ayudará a los autónomos, empresarios, familias vulnerables, habitantes de la España vaciada, gentes sin ingresos, jóvenes (ahora se incluye hasta los 40 años, que ya hay que hacérselo mirar) sin vivienda, mayores (desde los 52 años, qué pronto pasa la vida) con dificultades para emplearse,...

Llueven descuentos y dádivas. Sin pillarse los dedos, como sería en los peajes de las autopistas, por ejemplo. ¡Gratis, gratis! ¿Gratis? No. Los servicios cuestan, y lo que unos no pagan lo apoquinan otros. Lo que las administraciones regalan lo aportamos casi todos. Queda por explicar cómo con presupuestos nacionales, autonómicos y locales prorrogados, por tanto sin previsión actualizada de ingresos y gastos, se gestiona esta generosidad. Ya sin el paraguas de los millonarios fondos europeos. ¿De dónde se va a quitar para dar lo nuevo? Falta explicar cómo salen las cuentas. Vamos a pensar como personas esperanzadas, y no desengañadas. Porque no queremos aceptar lo que predijo Joaquín Costa: «Último día de despotismo.... y primer día de lo mismo».

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