... ¡del Ayayay!
Nos hacían de ñarros una pregunta con coña marinera: ¿a quién quieres más, a tu madre, a tu padre o al Ayayay?... y como a la vez te repelaban la patilla o te pellizcaban la oreja, acababas exclamando a la fuerza un ¡ay ay ay!, dándolo por única respuesta posible, con lo que así el dolor resolvía el engorroso dilema de elegir progenitor. Conclusión: a quien más queríamos era siempre al Ayayay... y de este modo parecían instruirnos en lo llorón de esta raza y en la perpetua quejumbre que aquí nos provoca el jodío presente y un destino incierto o robado. Me vino esto a la memoria cuando Sócrates quiso que le informáramos del exacto color político de la Upl. Le indiqué que la mejor respuesta la obtendría si preguntaba a quién quiere más el leonesismo, si a la derecha, a la izquierda o al Ayayay, mientras le pellizca el orgullo o le pisa el rabo de bicho rampante; y que entonces logrará la exacta respuesta: ese quejido en alta voz y multiplicado. Y si dice lo que algunos proclaman —yo no creo ni en derechas ni en izquierdas-, es que inconfundiblemente son de derechas... o muy de, pero no se atreve a confesarlo (¿hay acaso algo más de derechas que el nacionalismo, el patriotismo lerele, lo identitario y la diferencia?)... Y si eso se le pregunta a quien vota leonesismo por desdeñar al bipartidismo que lo parió, coincide: ni al papá socialista ni a la mamá popular, yo quiero al Ayayay, bendito hijo del cabreo y de la grada que grita papeleta, cosa que también confirman los rebotados de otros partidos que a menudo nutren sus listas resumiendo lo gordo de su discurso en el quejido... y subrayando mucho el agravio, dada la respuesta emocional y airada a que mueve esa cosa. Y en estas llegó el coitus interruptus que frustó el sueño con que encaró el leonesismo las autonómicas tocando su propio techo. Estaba convencido de que la furia anti-Junta con que ardieron estos montes sería la pira donde quemar a un muñeco como al monigote de Judas con que algún pueblo estrenaba la Pascua. Y el muñeco salió indemne de la hoguera como lo hizo santa Cristina de Bolsena, venerada por católicos, ortodoxos y anglicanos... muy Mañueca ella.