Calculemos como los gigantones
Vale que cuando pasamos de la peseta al euro perdimos buena parte de nuestra capacidad real de cálculo. Vale que en los tiempos de la supremacía cuántica el cálculo parece cosa fuera de toda capacidad humana o social. Vale que cuando toca a deber siempre se nos va la mano más que cuando llaman a pagar. Vale que incluso en estos tiempos de macropresupuestos y microgastos la cuestión aparentemente más exacta, la de la matemática, se ha convertido en la más elástica. Pero ¡ya vale!
Pregonar cualquier agravio con tanto aplomo reivindicativo como ausencia de datos se ha convertido en un vodevil que clama al cielo (el económico, el de la razón y el de la paciencia), y exige facturas verificables que permitan dar fe de lo que con tanta virulencia se argumenta.
He ahí el doloroso llanto de los hosteleros y adláteres de Málaga, que a cuenta de los traspiés de los trenes de alta velocidad lloran ya unas pérdidas en Semana Santa que calculan en 1.300 millones de euros. Estaría bien conocer las cuentas reales de años anteriores: la Agencia Tributaria debería tener finamente calculado cuánto ganaron los presuntos ahora afectados, según los impuestos declarados, para dimensionar las pérdidas actuales. Y contabilizar también cuánto ingresan los presuntos damnificados de aquellos miles y miles de visitantes que no llegan en tren, que no son porcentaje menor. Vamos, que sin saber esto parece difícil calcular cuánto se va a perder realmente con la triste circunstancia actual.
Luego está el caso de la Semana Santa de León, como bien sabemos abarrotada, con reservas agotadas y multitudinaria con los de fuera, y también con los olvidados (y no menos gastones) lugareños. En la Cámara de Comercio pregonan de nuevo que se va a estudiar la repercusión económica de la Pasión, que siguen cifrando un año más en unos imposibles 4 millones de euros. La cuenta no sale ni con los dedos, una lástima de falta de rigor y seriedad. Luego lloverá, o no, y el sector se encomendará de nuevo a la Virgen de la Amargura para lamentar que la cosa no fue como se esperaba. Nada nuevo. Y sin datos de Hacienda que pongan claridad en un escenario tendente a lo mentirosillo a la hora de hacer hucha.
Vienen días plagados de pregones. Unos espirituales y otros peseteros. Poca herida de lanza habrá donde meter el dedo para saber de qué verdad hablamos.