CORNADA DE LOBO
No te matarás
Murió un hombre en la media maratón de Madrid. No será la última víctima en la práctica de algún deporte individual; sobran casos en el esquí, escalada, running, rafting, ciclismo, atletismo, maratón, submarinismo, parapente, wingsuit... deportes en los que el único adversario es uno mismo compitiendo contra su propio récord y en los que se alaba como meta y mito la superación personal, el derrotar a un yo anterior, obsesión en la que también cabe fácilmente la tontería y la temeridad. Lo tiene bien claro Aquilino el de Longina, que de rapaz le sacaron de Barrio de la Puente a estudiar para agustino y que sostiene que «todo deporte que vaya más allá del parchís o del mus es violencia contra el propio cuerpo», y por tal, pecado mortal contra el quinto Mandamientro, que es algo más del «no matarás», pues recuerda a un fraile que extendía este precepto y prohibición más allá del «asesinato o cooperación al mismo incluso en una guerra», lo mismo que al aborto o la eutanasia, y que ese «no matarás» incluía también el suicidio, la automutilación, el autocastigo y autodestrucción, quedando automáticamente excomulgado quien los practique. Y concluye Aquilino: «Si te vas a una maratón queriendo superar tus propias limitaciones y la diñas, ¡al infierno que te vas de cabeza!, palabra de Dios».
Y no habla de los deportes en los que también puedes matar a otro, algo frecuente en artes marciales, boxeo, rugby y hasta en el fútbol con un mal patadón o un cabezazo de k.o. letal. Reconoce, sin embargo, lo saludable que es para gente sedentaria un deporte moderado, la gimnasia sueca, un tai-chí calmado, alguna carrerita corta o un paseo en bici. Pero también asegura que ni él con con 86 ni su padre que llegó a los 95 practicaron jamás deporte alguno que no fuera madrugar, arar, cavar, segar, acarrear, coser cuestas con el ganao o andar ocho kilómetros para coger el coche de línea. Y que con tanta gimnasia rústica quemaba las grasas, el tocinamen y los muchos hidratos de la cocina tradicional que ahora un médico tirillas de la residencia donde le tienen les prohibe («que le den, ya tengo yo quien me trae algo»).