José Cosamalón presidente de la Fundación Leonesa Pro-Neurociencias

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El descubrimiento de América no solo transformó la visión del mundo, sino que también sentó las bases de la grandeza del Imperio español, llegando a convertirse en una de las mayores potencias políticas y económicas de la Edad Moderna. Si bien la gloria de la conquista del nuevo continente quedó ligada a los nombres de los extremeños Hernán Cortés y Francisco Pizarro, conquistadores de los imperios azteca e incaico, respectivamente, hombres de muy diversos territorios españoles participaron en la conquista, evangelización, mestizaje y gobierno de ese vasto territorio. Según Jesús Paniagua Pérez: «La conquista y colonización americana —con sus virtudes y sus defectos— ha sido la tarea más universal que han afrontado los españoles y, con ellos, los leoneses». La pléyade de legionenses que participó en tan magna empresa dejó una profunda huella en el Nuevo Mundo. Sirva como testimonio la fundación de ciudades que llevan el nombre de León en México, Nicaragua y Perú.

Juan Ponce de León (1474-1521) acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje. Fue fundador y gobernador de Puerto Rico. Alentado por el mito de la «fuente de la juventud», la buscó infructuosamente; sin embargo, descubrió Florida, siendo el primer español en pisar el territorio de lo que hoy es Estados Unidos. Los leoneses Diego de Ordás y Juan Velázquez de León participaron con Hernán Cortés en la conquista de México, y en la del Incario Francisco Pizarro contó entre sus huestes con leoneses que le acompañaron en sus campañas, destacando Alonso Briceño, uno de los trece fieles a Pizarro que pasaron a la historia como «los trece de la isla del Gallo». Además, el extremeño tuvo entre sus colaboradores a los sahagunenses Antonio Vega, los hermanos Per y Gaspar Ansúrez de Camporredondo, así como componentes de la familia Quiñones (condes de Luna): D. Cristóbal de Quiñones, Juan Mogrovejo de Quiñones y Francisco de Quiñones. Las disputas entre Pizarro y su socio Almagro sumieron al Perú en una guerra civil. Para restaurar el orden, Carlos I envió a D. Cristóbal Vaca de Castro (1492-1566), magistrado natural de Izagre, como pacificador y primer gobernador del Perú, tarea que hubo de cumplir tras una victoriosa batalla en la que derrotó a las fuerzas rebeldes lideradas por Diego de Almagro el «Mozo», hecho crucial para restaurar la autoridad de la Corona española. Durante el virreinato, otro leonés nacido en Villanueva de Valdueza, D. Lope García de Castro, licenciado en leyes, fue nombrado virrey del Perú por el rey Felipe II. Presidió la Real Audiencia de Lima desde 1564 a 1569 y dividió el virreinato en provincias o corregimientos a cargo de corregidores de indios, cuya función era administrar justicia, incluyendo la protección de los indígenas. Creó la Casa de la Moneda de Lima. García de Castro, además, patrocinó la expedición marítima de su sobrino berciano, don Álvaro de Mendaña, oriundo de Congosto, para la exploración de Oceanía, que culminó con el descubrimiento de las Islas Salomón, a las que bautizó con los nombres de Guadalcanal, San Cristóbal y Santa Isabel. En el terreno evangelizador sobresale Santo Toribio de Mogrovejo, cuya natalidad se disputan Villaquejida y Mayorga de Campos. Fue arzobispo de Lima en 1579 y destacó por su extraordinaria labor pastoral. Fundó el primer seminario de América y exigió el conocimiento de las lenguas nativas (quechua y aimara) para administrar adecuadamente los sacramentos. Su labor evangelizadora en América fue comparada con la de San Pablo en Europa por Antonio Viñayo. Con su beatificación en 1679 y canonización en 1726, fue el primer santo de la cristiandad en América. Perú ha perennizado su nombre en muchos lugares, incluyendo un hospital fundado en 1669 como «Refugio de Incurables», sobre un terreno donado por D. Antonio Dávila, procedente de Villamañán. Actualmente, el hospital «Santo Toribio de Mogrovejo» es el Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas de Lima. Sin embargo, la mayor impronta leonesa en América acaso corresponda a Fray Bernardino de Sahagún (1499-1590). Llegado a México en 1529, destacó no solo como evangelizador, sino también como investigador excepcional. Aprendió náhuatl y se interesó por conocer la cultura del México precolombino. Su investigación de 45 años la materializó en una obra bilingüe de 12 volúmenes, en náhuatl y castellano, titulada «Historia general de las cosas de la Nueva España». Miguel León-Portilla, historiador mexicano, la ha calificado como «la Biblia de la cultura náhuatl». Fray Bernardino es considerado el padre de la antropología y precursor de la etnografía. En 2015, la UNESCO registró su obra como Memoria del Mundo. Gracias a las gestiones del actual alcalde D. José Antonio Díez con la Diputación leonesa, la estatua de Fray Bernardino, relegada hoy a un lugar muy poco visible, será trasladada a un emplazamiento más digno de su monumental obra.