CORNADA DE LOBO
Evangélicos, ojo
La iglesia Evangelista ya suma por el mundo 700 millones, la mitad del censo católico con sus 1.400 millones. Es la iglesia protestante mayor. En Estados Unidos son 93 millones y sus pastores más famosos llevan a Trump en volandas a la gloria de este mundo con rezos en el Despacho Oval y a sus votantes a la gloria celestial rifando milagros y la curación corporal o salvación, en ello va su viejo éxito y popularidad creciente, sobre todo en Latinoamérica, tan católica hasta anteayer, donde suman ya 123 millones. En España son ya más del millón con mil templos o lugares de culto, hasta en León, ciudad tan levítica y papona donde alzan una iglesia rechula en Eras de Renueva con alarde de medios. En Asia son 215 millones, 185 en África. Imparable fenómeno que deja atrás a las diferentes iglesias nacidas tras clavar Lutero sus 95 tesis en las puertas de la catedral de Wittenberg, naciendo así los luteranos, pero dando paso a divergencias y naciendo al poco, en 1536, el calvinismo con sus derivados presbiterianos en 1560. Y aunque fue Lutero quien la lió parda en 1517, sólo diez años después se escinden los anabaptistas de los que en 1734 se segregan los evangelistas y en 1880 los pentecostales. Antes, en 1530 con Enrique VIII, nace el anglicanismo del que se escinden al poco los puritanos y sucesivamente los baptistas, congregacionistas, metodistas, episcopales y adventistas, dándose pie a su vez a otras iglesias como los Testigos de Jehová, tan raritos, o los menonitas, esos de película en idílica comunidad rural con ropa vieja renunciando a maquinarias y modernidades, por no hablar de los cuáqueros o de los mormones. Lo paradójico —cree Sócrates— es que todos ellos, sumando además a católicos, ortodoxos, maronitas, coptos, siríacos, armenios, caldeos o malaquitas, tienen el mismo Cielo, mismo Cristo, misma Biblia, al igual que las 47.000 distintas iglesias y confesiones cristianas hoy en vigor que logran así que a san Pedro (y discúlpese la irreverencia) se le haga la picha un lío al dar paso y curso a las carradas de distintas oraciones y ruegos de esta selva de salves y credos... ¡esto es un sindiós!, se dice en su pesadumbre.