Diario de León

al trasluz

Eduardo Aguirre

Eduardo Aguirre

Pelillos al Bernesga

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En León, vamos a acoger el 14 de mayo un pleno de la Real Academia de la Lengua, y no veo ni escucho ensayos musicales por ninguna parte: «Académicos, os recibimos con alegría/¡Viva el prefijo, viva el sufijo! ¡Viva la be, viva la uve¡ ¡Viva la coma, viva la tilde ¡Mueran las faltas, vivan usías!». Lo normal ante lo excepcional. Soy muy de la RAE. Ya les he perdonado lo de quitar el acento en «solo», pero aún me resulta incomprensible que Luis Alberto de Cuenca fuese rechazado. También, me desagrada que sea atacada por quienes quieren pertenecer a ella y no pueden. Será un gran día para nosotros, con ese pleno en honor de la reina doña Urraca I. A tan ilustres visitantes hay que dejarlos sin signos de exclamación. Pero epatar nos obliga a echarle mucha imaginación. Propongo que ese día vistamos todos con armadura, ¿quién no tiene guardados unos gayumbines de cota de malla? Ir de golpe de efecto en golpe de efecto. Antes de que los ilustres visitantes recuerden que Antonio Valbuena (1844-1929) era de aquí. El más despectivo crítico de la duodécima edición de diccionario. Hizo del improperio al académico un subgénero periodístico. En algún reproche lingüístico quizá no le faltaba razón, pero se rayó con rallar el diccionario. Muy ofensivo. En fin, pelillos al Bernesga.

Hace tres mil años, el emperador Teoloco III se envaneció tanto que impuso que cada palabra debía empezar con la letra «te». En cambio, en nuestro tan civilizado tiempo sería impensable hoy que un dirigente se obsesionase con la propia «te» inicial de su nombre o apellido. Hum, casi mejor no meneallo. Uf.

Por mi parte, voy a proponerles que acepten «marcarse un Paquirrín», en su sentido de reconciliación familiar por intereses espurios. Por cierto, insisto en que deben ampliar la acepción de «maritornes», pues les queda coja: «Moza de servicio, ordinaria, fea y hombruna». Tenía buen fondo, se compadeció de Sancho tras ser manteado por arrieros. Añadan, pues, la voz buena: compasiva.

La RAE es tesoro nacional y nos hermana con las Américas y con el mundo. Sean bienvenidos a esta ciudad histórica y hospitalaria. Nuestro frío mordedor, poco resfriador. Aquí la Catedral, allí San Isidoro, Y Patatas Blas, of course.

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