DISTINTAS FORMAS DE VER LEÓN
Más de un siglo de tinta: del arado de reja al regadío inteligente

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Celebrar 120 años de periodismo no es solo soplar esas velas; es contemplar, a través del espejo del Diario de León, la transformación de la tierra leonesa que ha cambiado la piel sin perder el alma.
Desde 1906, León y su Diario han visto pasar monarquías, dictaduras y hasta una república destruida por una guerra entre hermanos, llamada paradójicamente «civil», provocada por unos golpistas.
En todo este tiempo la provincia ha sabido pasar de la subsistencia y el aislamiento a convertirse en un nodo tecnológico y logístico, superando por el camino las cicatrices que ha dejado la minería y que sigue dejando el reto demográfico. Y este periódico se ha convertido en el diario de sesiones de un territorio que ha llegado al espacio con astronautas propios y que ha transitado del carbón al silicio, sin perder su identidad.
Un dato: en 1906, la información viajaba a lomos de un caballo o como mucho por telégrafo. Hoy, esta tribuna os llegará a través de una pantalla o de un papel que huele a historia viva.
Hagamos un repaso por los distintos sectores.
La tierra: a principios del siglo XX, León era un mosaico de minifundios. La agricultura y la ganadería no eran sectores económicos, sino modos de vida, una cuestión de subsistencia. El paso de la tracción animal con la pareja de bueyes o vacas (según la extensión del terreno a labrar) al tractor, y de este a la agricultura de precisión y a los regadíos actuales modernizados del Páramo, el Esla, el Órbigo o los Payuelos; marca una de las mayores revoluciones silenciosas de nuestra historia. Quienes lo vivimos, recordamos el auge del sector remolachero que hoy está en momentos bajos, junto a otros productos como el maíz desde hace décadas, o el hortofrutícola del Bierzo, o el de la patata y la alubia bañezanas, o el del cereal, o el del vino de las distintas D.O. Todos pasean a nuestra provincia por el resto del país e incluso del mundo. León lidera sectores nacionales gracias a esa modernización y digitalización.
La ganadería, por su parte, ha pasado de la estampa bucólica hacia una profesionalización extrema, donde la calidad de la leche (a pesar del precio) y la carne, compiten en los mercados internacionales bajo sellos de garantía que el Diario ha visto nacer y consolidarse.
El ocaso del «Gigante Negro»: durante décadas la minería fue el pulmón de la provincia. Las cuencas de Laciana, el Bierzo, Gordón o Sabero, dieron calor y energía a España. Hace unos años, el cierre de las minas y de las térmicas nos obligó a una transición que tratamos de que sea «justa». De la hulla y sus inconvenientes medioambientales hemos pasado a la energía limpia, buscando en el sol y en el viento el cambio a otro sistema energético.
Este periódico fue testigo de ese relato, tan heroico como amargo, que consiguió ser durante décadas el motor económico de la provincia leonesa. Actuó como cronista de muchas «Marchas Negras», de las terribles pérdidas humanas y del silencio final de las minas.
Infraestructuras y demografía: cuando nació el Diario, el ferrocarril era el símbolo de la modernidad. Hoy lo es la alta velocidad. No obstante, la conectividad física ha ido en paralelo a esa gran herida que supone la despoblación. León lucha por retener el talento que antes se iba en maletas de cartón y hoy lo hace en vuelos low-cost, apostando por la digitalización para que el teletrabajo sea el nuevo motor de nuestros pueblos.
De la fábrica al laboratorio: la industria leonesa ha experimentado una metamorfosis positiva. De las viejas azucareras hemos saltado al Incibe —creado con otro nombre por el presidente Zapatero— y al polo biofarmacéutico y a la computación de alto rendimiento. León exporta materias primas pero también vanguardia en ciberseguridad y biotecnología.
Turismo, cultura y patrimonio: en estos 120 años, pasamos de ser una provincia que se veía por la ventanilla del coche hacia Galicia o Asturias a tener un turismo propio y profesionalizado, convirtiendo nuestro patrimonio, nuestras catedrales de León y Astorga, el Camino de Santiago, los Picos de Europa o Las Médulas en un reclamo internacional. Hasta hemos sido importantes en «sabor» cuando en 2018 se nos nombró Capital Española de la Gastronomía, marcando un antes y un después. Basta ver la salida de la estación de tren cualquier fin de semana. Todo ello lo documentó este periódico «plato a plato».
La cultura leonesa ha pasado de la tradición oral mediante los filandones a la vanguardia del Musac o la Ciuden-Térmica cultural. El Diario ha dado fe de nuestro florecimiento literario y artístico, con varios novelistas, poetas, que han sido reconocidos con importantes premios.
Un futuro digital pero con raíces: mucho ha cambiado León, especialmente desde 1978 cuando comenzó el periodo democrático. El Diario de León ha contado la noticia y ha sido el nexo de unión de una provincia dispersa y compleja, con su ejemplar disponible en la barra de cualquier bar.
Ahora celebra su «cumple» en un momento de paso del papel al ecosistema digital, demostrando que, aunque cambien los soportes, seguimos necesitando como el primer día un periodismo riguroso que defienda los intereses de León y no los suyos propios. Y eso es lo que esperamos de él, que practique la libertad de prensa, que no caiga en ese mundo de fugacidad digital y fake news.
Un periódico provincial debe informar sin caer en esa trampa, debe seguir cuidando la verdad por salud democrática, cumpliendo con nuestra Constitución y respetando a sus lectores.
Los leoneses y leonesas aspiramos a un mundo mejor, a mejores comunicaciones, mejores servicios públicos, mejores infraestructuras, mejor convivencia; todo ello a pesar de los agoreros que frenan las mejoras y los avances y a pesar del gobierno de la Junta que sigue castigando a León.
Miramos al futuro, no con la nostalgia de lo que fuimos, sino con la ambición de lo que podemos ser. Por otros 120 años de periodismo libre, de compromiso y de orgullo leonés.