Diario de León

AL TRASLUZ

Eduardo Aguirre

Eduardo Aguirre

Una buena tarde

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Lo confieso: no había visto, hasta el pasado sábado, la película leonesa El Filandón (1984). Y me ha parecido extraordinaria. Pido perdón por el retraso de tres décadas. En mi disculpa, también sigo sin ver Lo que el viento se llevó y sin haber saltado en paracaídas; lo primero quizá lo solvente, pero lo del cielo aún puede esperar. La proyectó la Junta Vecinal de Villacedré, y nos invitaron a Marta y a mí a verla. Gran dirección de Martín Sarmiento, estupendas interpretaciones. Qué extras tan extraordinarios, incluidos nuestros paisajes. Y tan jóvenes como siempre Merino, Luis Mateo, Pereira —ay—, Trapiello, Llamazares, Magín Mayo… este estuvo en la proyección, nos deleitó con anécdotas del rodaje y escuchárselas quedó muy filandonesco. Esta junta vecinal tiene algo de película de Capra. El año pasado nos grabaron a Marta y a mí una entrevista al alimón, donde improvisé un piropo conyugal que hace que esta me perdone —incluso— haberme dejado una luz encendida: «Como usted dice siento pasión por Cervantes, pero a mí quien más me gusta es mi señora». Supera eso, Cark Gable. Ah, el matrimonio, comprendo que el actor Mickey Rooney se casara ocho veces. No me extraña que volviesen a llamarnos.

También, fueron entregados los premios de relatos. Pidieron a Marta que leyese uno de los ganadores, titulado: Por fin Martita, firmado por una Marta; en fin, ¿cómo negarse? leerlo no era azar sino destino. El otro cuento ganador, escrito por un niño llamado Adrián. llevaba el título de Blancanieves y los tres cerditos. Otra preciosidad. Lo leyó Candela, su profesora, quien derramó lágrimas que parecían irrumpidas de Qué bello es vivir. Todas las lágrimas tienen historia; y estás, también. Pero como dijo Gandalf, «no todas las lágrimas son malas». Y las de esta docente llevaban dentro la épica del amor. Los organizadores hicieron una impresión ilustrada de ambos cuentos. Felicito a Fernando Rodríguez y a su equipo por su labor cultural.

A mi edad, valoro ya más lo sencillo: ver una buena película, las lágrimas buenas de una profesora con buen corazón… buena gente que hace cosas buenas, incluido buen chocolate con bizcochos. Es muy bello desear a los demás una buena tarde. Y lograr que lo sea.

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