El empresario salvador del Ademar

En primer lugar, felicitar al Diario de León por su 120 Aniversario y por su compromiso informativo con esta tierra en general y con el Ademar en particular.
En el deporte profesional, la longevidad en un palco suele ser sinónimo de fortuna financiera o de una vitrina repleta de títulos. Sin embargo, en el Palacio de los Deportes, mis trece años de mandato en la presidencia narran una historia muy distinta: la de una resistencia numantina. Cuando esta Junta Directiva asumió el primer mandato, en un agónico 2013, nos encontramos con un club asomado en concurso de acreedores. Hoy, tras más de una década de trabajo, hemos logrado consolidar un modelo de viabilidad y podemos celebrar el 70º aniversario de nuestra entidad con una tranquilidad sostenida. Esta crónica arranca inevitablemente en los juzgados. Mi junta directiva heredó un Ademar León en quiebra técnica, ahogado por las deudas. La aplicación estricta de un concurso de acreedores y un severo plan de austeridad económica marcaron mis primeros años de gestión. No fue un camino fácil, pero el punto de inflexión definitivo llegó cuando cerramos el patrocinio principal con Abanca, un acuerdo estratégico que nos inyectó la estabilidad financiera necesaria para competir sin el fantasma de la desaparición rondando el vestuario y contando siempre con el apoyo de todo León, así como de los medios de la ciudad y en especial con el Diario de León. Con el presupuesto firmemente encorsetado, entendimos que el banquillo debía ser nuestro factor diferencial. Tres nombres propios han marcado la dirección táctica de este ciclo presidencial: —Dani Gordo: Fue el arquitecto de la transición en el bienio más crudo (2013-2015) y el hombre en quien volvimos a confiar años después para liderar la competitividad de nuestro bloque actual en la Liga Asobal. —Rafa Guijosa: El técnico madrileño firmó las páginas más brillantes de esta era, encadenando subcampeonatos de Liga y logrando el ansiado billete de retorno a la prestigiosa EHF Champions League. —Manolo Cadenas: Su regreso en 2019 aportó su característico ojo clínico para captar talento internacional e inyectó a las jugadores más jóvenes la característica más diferencial de nuestro Club: el contraataque. La imposibilidad de retener grandes contratos nos obligó a reinventarnos como el gran escaparate formativo del balonmano español. La dirección deportiva del club se especializó en potenciar a jugadores que acabaron dando el salto a grandes potencias europeas: —La identidad leonesa: Extremos de la casa como Jaime Fernández o Gonzalo Pérez Arce crecieron y lideraron al equipo antes de ser reclutados por el mercado internacional. —El radar extranjero: Supimos descubrir y pulir a promesas internacionales como el lateral croata Tin Lucin o el portero serbio Vladimir Cupara. —La fuerza de la defensa: El bloque defensivo ha contado con la firmeza de hombres curtidos en la liga como los pivotes Gonzalo Carou y Guilherme Santista o la sobriedad en portería aportada por veteranos de la categoría de Saeid Barkhordari. A las puertas de cerrar una de las etapas institucionales más largas de la historia del club, el balance que se presenta es nítido. Haber superado los sucesivos procesos electorales sin oposición es el reflejo de que el ademarismo ya no debate sobre su supervivencia económica. Hoy ponemos el foco en cómo conseguir más recursos de instituciones, patrocinadores y empresas colaboradoras, sumar un mayor número de socios y lograr la implicación total de la sociedad leonesa para aumentar el presupuesto y poder plantar cara a los equipos de la liga Asobal y de toda Europa, desde la sostenibilidad y el orgullo de nuestra cantera.