Diario de León
Emiliano Alonso Pelegrín 
abogado en Bruselas, leonés y emigrante

 

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Tardé años en darme cuenta. Desde que dejé León en los ochenta del siglo pasado, cada vez que volvía, me preguntaban ¿cuándo marchas?

Hace poco, casi sin darme cuenta, me percaté de lo extraño que suponía que te invitasen a irte cuando acababas de llegar a tu propia tierra, me quedé pensando y atribuí la pregunta a los excesos del adusto carácter leonés. Después de comentarlo entre amigos leoneses, alguien me tranquilizó indicando que, detrás de la pregunta, no anidaba sino el deseo ardiente de que permaneciese en León y la ansiedad de saber, por adelantado, cuántos días podrían disfrutar de mi compañía. Nuestros jóvenes

marchan de León lo que, para sus familias y allegados, es un mal trago. Lo hacen para irse a la universidad o, una vez acabada ésta, para buscar oportunidades que no tienen aquí: masters universitarios, un trabajo, su futuro, en suma. Yo también marché hace casi 40 años en busca de mis sueños y acabé desarrollando mi proyecto personal y profesional en otras latitudes. Mi opinión de que León es la mejor ciudad del mundo y que tiene un futuro brillante se ha ido forjando después de conocer de cerca paisajes y paisanajes de lo más diverso. La tesis central de esta tribuna es que cuidando a las personas llegarán las inversiones y no al revés. Debemos trabajar para que León encante y atraiga, desterrando tópicos pesimistas como la marcha de los jóvenes o tesis irrealistas como considerar que la fijación de la población al territorio es una panacea. La mundialización y el teletrabajo han dejado trasnochadas estas tesis. Nada sustituye a la experiencia fuera de casa marchando a otra ciudad, nacional o extranjera, hacer una carrera internacional, hablar idiomas y conocer otras culturas. Eso permite vivir varias vidas en una, forma el intelecto, forja el carácter y todos juntos (los que se quedan, los que vuelven y los que no lo hacen) enriquecen a su manera la vida local. León debe trabajar para atraer a su juventud, a la de otras latitudes, a turistas, curiosos e intelectuales de todo el mundo. Para ello apunto cuatro ‘palancas’: el

territorio, la tecnología, la cultura y los propios leoneses. La palanca del

territorio permitirá desarrollar nuestras maravillosas comarcas mediante algún proyecto emblemático. Pienso por ejemplo en un museo de la memoria de la montaña de León situado en el pantano del Porma que reúna, en un mismo lugar la construcción de un edificio icónico que recoja la historia de sus gentes y su peripecia vital, con un proyecto deportivo náutico que atraiga al turismo y ofrezca una alternativa a los deportes de invierno. Por último, debe completarse con una oferta gastronómica leonesa de alto nivel. Sí, estoy pensando en el ejemplo del edificio de Gehry para los vinos de Marqués de Riscal en La Rioja. La segunda ‘palanca’ es la

tecnología. León ya cuenta con un caldo de cultivo excelente en sectores tales como la biotecnología y la farmacia para seguir el ejemplo de Silicon Valley en Estados Unidos. Se trataría de crear un polo de excelencia e investigación a escala mundial que culminase cada año con la organización de una conferencia científica para atraer a las ‘primeras espadas’ y a las empresas líderes del mundo. Bruselas, joven capital de un pequeño país que acababa de crearse menos de un siglo antes, consiguió organizar a principios del siglo XX conferencias internacionales en las que era asiduo Einstein y que convirtieron a la ciudad en un centro del pensamiento mundial enfocado al desarrollo humano. Con posterioridad, y en el plazo de solo 40 años, Bruselas organizó nada menos que dos Exposiciones mundiales (1929 y 1958) dejando en herencia el Atomium como maravilloso símbolo ¿Quién ha dicho miedo? En tercer lugar, está la

cultura. No solo la de las piedras (románico, gótico, renacentista, modernista-Gaudí) sino la gastronómica. Nadie por Europa da crédito a nuestras tapas leonesas ?gratuitas? o a que tengamos tres restaurantes con estrella Michelin en la provincia. Aquí reivindico de nuevo más ambición y enfoque internacional ¿qué pasó con la Semana Internacional de la Trucha? También cambios de fondo ¿para qué nos sirve tener dos escuelas de hostelería y el AVE a Madrid si tenemos escasez de mano de obra en restaurantes y hoteles? ¿o si algunos bares se dejan tentar por dar vino peleón para reducir costes? Por último, necesitamos una potente campaña institucional en las Redes Sociales alejada del sesgo comercial de los influencers. Por último,

los leoneses. Y aquí vuelvo a mi tesis de poner a las personas en el centro de atención. Necesitamos inversiones en mayor y mejor movilidad para que nuestros jóvenes no solo marchen sino que vuelvan (tantas veces como quieran o para quedarse a vivir), inversiones también para acercar los pueblos a la capital (rehabilitando la estación de Matallana) y para que sigamos viniendo en AVE (‘León, tan cerca‘). Junto a los más ilustres (escritores, músicos o astronautas) somos un ejército de leoneses esparcidos por el mundo que contamos diariamente historias sobre León (la historia de nuestro Reino, la cultura, las tapas, nuestra uva prieto picudo, nuestras montañas y valles, nuestra cecina, puerros, pimientos y quesos). En este 120 aniversario del Diario de León, propongo desde ya que se convoquen concursos de ideas y mesas de trabajo con especialistas de primer orden (sociólogos, economistas, periodistas?) empezando por alguna de las ‘palancas‘ comentadas: el Museo de la Memoria de la Montaña, la Semana Santa leonesa o la biotecnología. León desde, para y por las personas (las inversiones seguirán). Para que los jóvenes se queden y, si se van, que les sea fácil volver siempre y, si deciden no volver, que sigan siendo siempre leoneses. León, para nuestros niños y nuestros mayores, para que el mundo nos ponga en el mapa. Y que siempre, cuando volvamos, nos vuelvan a preguntar emocionados

¿cuándo marchas?

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