Diario de León

Creado:

Actualizado:

Por entonces, apenas había pasado de idear escaramuzas de baja intensidad, como cuando le abrió la raya al medio con el bote de la gomina a Amilivia a partir de la filtración de aquellos pregones en radio Moscú a los que ponía voz quien, con el tiempo, se convirtió en su jefa de la Stasi en la Moncloa y ahora asienta autoridad en el sóviet supremo de RTVE. De aquellas empezó a correr el mantra de que no vencía, pero persuadía, seguido por un ejército de lacayos y fieles, unos con la pluma y otros con la espada, que le liquidaban el trabajo sucio. A uno lo envió a darle a una briosa diputada provincial de la montaña el aviso de que no repetiría escaño en el Palacio de los Guzmanes. «Hostia, José Luis, que sabes lo bien que me llevo con ellos», se escudó. «Por eso: las malas noticias las tienen que dar los buenos amigos», resolvió el joven parlamentario de buen verbo que, rodeado de soldaditos de plomo a los que luego recompensó con puestos en la organización del Estado, siempre supo colocarse en el sitio oportuno y llegar en el momento adecuado. Tenía «baraka», acuñaron sus acólitos para empezar a escribir el relato mítico de un ser de luz que ahora, tras casi 30 años, se halla descrito en un auto judicial como el presunto líder de una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias y blanqueo de capitales, con ramificaciones en democracias tan ejemplarizantes como Venezuela, China y Dubái. Al final, la alianza de las civilizaciones de Zapatero era esto. La imputación cuestiona el guion del hombre de Estado que impulsó un legado de leyes sociales para la historia, agitó el avispero de los nacionalismos, resucitó la guerra de bandos para beneficio político propio y se despeñó por el desfiladero de una crisis económica gigantada por su «optimismo sociológico». La incidencia resulta innegable porque esta es la «España que dejó Zapatero», como ironiza un amigo. Más incluso en León, donde promovió inversiones y apuestas que, por mera comparación, dejan en ridículo a los anteriores y posteriores, aunque la necesidad de resarcir deudas arrastradas dejó una sensación de quedar a medias. No importa ahora. Esta vez no le juzgarán por lo que parezca. Le van a sentenciar por lo que hizo. Aunque fuera por detrás, pana.

tracking