EL RINCÓN
Socialismo sucio
Quién se acuerda ya de las elecciones andaluzas. Quién se acuerda ya del agujero negro en que los resultados electorales sumieron a Sánchez y a su partido. Quién se acuerda ya de la candidez del candidato ganador. Ahora estamos en otro mundo, otro tiempo, otro escenario. Seamos realistas, pidamos lo imposible. Elecciones generales ya. No hay noticia internacional que pueda eclipsar esto. Es un bombazo nuclear. El escenario nacional, gracias a ZP, el lobo de Ferraz, se ha vuelto transnacional por un golpe de magia negra financiera. Lo más sospechoso es el patrón recurrente con que actúa el PSOE, en este y en casos anteriores, tratando de proteger a toda costa al imputado de turno hasta que se demuestre lo contrario. Entonces, pese a todo, nadie dimite, nadie asume la responsabilidad del error.
La presunción de inocencia de ZP, el lobo de las cuentas secretas y los paraísos fiscales, es un infundio más en esta estrategia cínica de autodefensa contra los autos judiciales. Esa presunción de inocencia pasa a ser, en una diestra inversión dialéctica, presunción automática de culpabilidad esgrimida contra el juez instructor que se ha atrevido a investigar a uno de los suyos. Acusan al juez de fabulador sin reparar en que solo con los indicios del auto minimalista y el sumario balzaquiano hay sobrados motivos para avergonzarse y pedir perdón a la sociedad.
Una organización política que se transforma en organización criminal para realizar mejor sus fines recurriendo a medios ilegales tiene la obligación, al ser descubierta, de explicar esa metamorfosis delictiva y depurar responsabilidades. No extrañará a nadie, por tanto, que la toma del poder en 2018 corriera pareja con un proyecto de realineamiento geopolítico mundial. A nadie le extrañará tampoco que ese proyecto tan ambicioso necesitara una financiación acorde para asegurarse el poder y la expansión internacional.
En la escena nacional, por el contrario, ese proyecto global se sostendría por una alianza con los nacionalistas periféricos, así como con una izquierda desnortada que se prestaría al juego con tal de pintar algo en el mapa rediseñado de la política española. La derecha no se ha enterado de la jugada y aún anda a ciegas por el tablero buscando piezas con que ganar la partida tras el jaque judicial. Yo también creí en su día en el socialismo del siglo XXI y hasta en la retórica revoltosa de ZP, el lobo feroz de Caracas y La Habana.
Hoy sé, sin embargo, que las criptomonedas han convertido al socialismo en criptosocialismo. Una ideología que encubre sus verdaderos fines tras una pantalla de entelequias mientras urde complejas tramas transnacionales para financiarse y preservar el poder. Los votantes socialistas deben comprender cuanto antes a qué juegan sus líderes visibles. Socialismo sucio.