Diario de León

al trasluz

Eduardo Aguirre

Eduardo Aguirre

Muy fino, Saturnino

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Afirma el gran actor leonés Saturnino García en una entrevista, a sus bien llevados 91 años: «Echo de menos el sexo, pero siempre queda alguna bala que tirar». O que se la tiren a él, los de su pueblo siempre ha tenido buena encarnadura. Al viejo estilo, mi lectora centenaria ya le habrá mandado una paloma mensajera. Ah, la caza mayor. Y si falla, como decía mi madre: «las reclamaciones al maestro armero». Seguro que Saturnino aún canta en la ducha, y que además las baila. Si por mi fuese, él sería el nuevo James Bond. ¿Por qué no? Para los triples mortales ya están los extras. Lo importante es el ánimo. Cuando al escritor Bioy Casares le preguntaron, ya anciano, qué le pedía a la vida contestó: «Que siga». En sesión continua. Lástima que los humanos no hayamos sido programados para vivir tres siglos; aunque si es para caminar el último de ellos arrastrando los pies y con desánimo, entonces, mejor lo dejamos como está: más o menos, hasta los 120 años. Sí, quién pudiese celebrar bodas de plata, de oro, de brillantes y de lo que te rondaré, canosa…. eso sí, siempre con la misma pareja. ¿Aburrido? No ha habido vida conyugal más mustia que la de Enrique VIII. Hace años, nuestro paisano publicó su autobiografía, con un título precioso: Del dónde y cómo al por qué (Fundación Lumiere). Aquí mi lectora centenaria apostillará: «Nunca es tarde, si la dicha es buena». Eso dicen; de momento, uno solo está en la serena prevejez. Algo más sordo, algo más miope, algo más cojo, algo más despistado… algo es algo. Pero contento.

Hoy me he levantado a las cinco de la madrugada, ¿a qué dar vueltas en la cama? En cambio, sin duda, a esas horas nuestro actor aún soñaba con los verdes prados de la Finojosa. ¡Cómo para despertarse por menudencias prostáticas! De safari onírico en safari onírico. y no el tostón de soñar con relojes blandos. Por la tarde, siesta reparadora.

Eso suyo de «siempre queda alguna bala que tirar» no ha sido una fanfarronada de nonagenario aún verde, sino sabia y vitalista proclamación. El buen ánimo no necesita efectos especiales, ni taxidermias; tampoco, grandes satisfacciones: amas estar vivo. Es actitud. Hilaste fino, Saturnino. Y si no hay bala, también sirve un perdigón.

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