Nueces
Los lemas electorales acusan peor vejez que los estribillos de la canción del verano, aunque siempre quedan a manos cuando se va a buscarlos para redondear un chiste. Miren esos «motivos para creer», de la campaña socialista de las generales de 2008, que invocan esta primavera sus fieles para no perder la fe en Zapatero. Menos tiempo le ha costado ponerse rancio al eslogan con el que Alfonso Fernández Mañueco madrugó, allá por octubre pasado, para lanzar su precampaña de las autonómicas: aquel «aquí, menos ruido y más...» de la tarjeta metida dentro de una caja de nueces. Más de medio año después de la ingeniosa puesta en escena y dos meses y medio más tarde de que agitaran el árbol para que los ciudadanos fueran a las urnas, los populares, ignorantes de las parábola de Arzalluz, aguardan todavía a que Vox les deje recoger los frutos para repartirlos. No hay pacto para gobernar la Junta. Se ve que tienen otras prioridades, mientras el verano se mete encima, un año después de que ardieran 130.000 hectáreas en la provincia leonesa, se desalojaran 150 pueblos y se enterrara a tres víctimas, sin que haya habido apenas cambio alguno en la planificación que alentó el desastre.
El aviso lo lanzan los trabajadores de las contratas, colocados como pantalla por las empresas privadas que durante años se repartieron el negocio, sin preocuparse por las condiciones de sus asalariados, y ahora amagan con un cierre patronal por la entrada de Tragsa. El problema, como alertan los afectados, se enciende por la pasividad con la que la Junta pasó del famoso decreto ley de «avances históricos» y la famosa «propuesta integral para transformar de forma estructural el dispositivo de incendios», que se ha quedado en un enunciado vacío, como la promesa de ese pacto frente a la emergencia climática con que se adornó Sánchez. El horizonte se anuncia peor, con la cifra de agentes más baja que en 2025, la incertidumbre de los refuerzos, el vicio de los herbazales, agostados ya por la subida de las temperaturas, las masas de combustible que alfombran con espesura los montes, tras otro invierno sin formación para acometer los desbroces necesarios... Un año después, la burla exhibe que hubo mucho ruido y hay pocas nueces.