Diario de León

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Ya indican Los Pamplinas que lo suyo no tiene que ver la tercera acepción del diccionario, y sí con brotes de marujas de agua limpia que aliñan las ensaladas gourmet, sobradas de vitamina C. Suaves como la savia de vara verde de avellano. También Los Pamplinas. Lo primero, la gaita, y ese tributo continuo a Liébana y Losada, y otras parábolas del parque temático de Corporales, al otro lado del Morredero, donde iban los ganados a morir, a morrer, y prenden las notas musicales que arrastra el viento y se reencarnaban en cada silva primaveral que los jóvenes pastores sacaban a punta y hoja de navaja de una rama de palera o abedul para entretener las largas tardes de mayo. Con Los Pamplinas se allanan los conceptos, los sones, ya de por sí familiares y repletos de la historia que la mitad, al menos la mitad, de los que vivimos en esta provincia leonesa, escuchamos en la cuna. El repertorio es parte de la biografía universal que tarareaba tu madre. Luego está la modestia que suele acompañar las mejores manifestaciones de arte, que simplifica la puesta en escena con una sobriedad envidiable; igual es que no hace falta más. Sujeto, verbo y predicado, cuando en esta puesta en escena el sujeto lo marca el pie de la gaita de Diego, el verbo es el redoble de Denise que acaricia y hace hablar al tambor con un tacto divino a la altura de su voz, y el predicado fluye entre los complementos de saxo y el bombo de los Danieles. Y ya está, obra maestra, mientras advierten de la vida vocacional del músico que recrea la escena como se hizo entre guerras y salía más a cuenta agarrarse al fole que ahogar las penas en un balde de lágrimas. Serás de piedra si no te emocionan Los Pamplinas, con su ánimo por hacer llevaderos los recuerdos que transforman en jolgorio los conciertos de cuatro instrumentos de los que mana música a borbotones como si fuera una sinfónica en año nuevo. Mejor, porque a veces meten en danza las dos voces que hacen a las canciones recostarse junto al postigo mientras aporrean el balcón de la memoria. Por eso baila la gente con Los Pamplinas, bien llamados músicos de calle. Hacen falta gaiteiros. Si no tiene, se le asignarán de oficio.

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