Diario de León

CUERPO A TIERRA

Antonio Manilla

Antonio Manilla

La planetización del Musac

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En un antiguo artículo —que no viejo, porque sigue teniendo vigencia—, ante el hecho de que los abundantísimos museos de arte contemporáneo se dedican a museizar las creaciones del día, Julio Llamazares se preguntaba si era posible hacer historia del presente. Uno, de mano, piensa que eso quizá sería información, sin atreverme a denominarlo periodismo. Pero es que creo que es peor, porque da la impresión de que en estas sacrosantas instituciones públicas siempre se pretende algo más: hacer historia del futuro. «Por aquí va a ir el arte del mañana, señores, acudan a enterarse, no permitan que les carcoma la ignorancia».

El mundo de la cultura nunca ha destacado precisamente por llevar a la sinceridad por bandera. No aludo solo a los navajazos entre escritores, a las pullas entre artistas plásticos, a los vetos entre músicos o actores. Me refiero al evaluar iniciativas, a las distintas escalas de valores que se aplican a determinados proyectos dependiendo de su origen. Público o privado, por ejemplo. Tenemos reciente una ácida polémica por premiar a gente que ya trae la popularidad a cuestas, que sale en la tele o tiene millares de seguidores en redes sociales, siendo por lo tanto perfecto caldo de cultivo para potenciales clientes. Se ha tachado como una indignidad, una mezcla de churras con merinas o simple operación crematística. Criticamos la estrategia puramente comercial de un premio literario como el Planeta, pero la planetización palmaria de un centro de arte como el Musac la alabamos por eso mismo: conseguir aumentar las visitas. Artistas consagrados y mediáticos suponen afluencia de público, dinero para la ciudad, repercusión en medios nacionales. Hablábamos de sinceridad e igual habría sido más exacto hacerlo de varas de medir.

¿Y los artistas locales y nacionales? Que la nación de Europa con más museos de arte contemporáneo se vea impelida a exponer artistas extranjeros, ¿qué significa en última instancia? ¿Ya no hay creadores de altura en uno de los países artísticos por excelencia? ¿Se están invirtiendo bien los caudales públicos? ¿No existe público para el arte que se hace aquí y ahora? Seguramente sea un poco de todo, pero además la conversión de la cultura, después de la sociedad, como escribió Guy Debord, en espectáculo. Y eso, Vargas Llosa dixit, supone su bancarrota.

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